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esos discos que me salvaron la vida.

José LarraldeHerencia Pa’ Un Hijo Gaucho [Versión Completa]RCA, 1970320 kbps. | 150 MB aprox.

En la pasada entrada hablamos de una especie de juglar británico, de uno de esos tipos que toman la guitarra y escriben -y cantan, cómo que no- una de esas canciones venidas del corazón que refieren a los sentimientos más hermosos y profundos del ser humano. Esta estirpe es muy particular, especial y tradicional. Tan tradicional es que surge naturalmente de las entrañas de la música popular de cada uno de sus países, de aquello que se denomina folklore, literalmente música de la tierra. Hoy les presentamos uno de los máximos exponentes de esta tendencia en nuestro país, un cantante, guitarrista e intérprete cuyo estilo único y lírica profunda, tradicionalista, nacional y de una poética descarnada y de un espíritu profundamente simple han marcado el folclore de su región para siempre. El señor cuya barbuda y adusta (?) figura ilustra este post es quizás el máximo exponente de la música de la región patagónica argentina, es decir, de los fondos del país, de esos territorios casi chilenos (?) que se caracterizan a su vez por sus desolados parajes, desérticos paisajes y caminos de bucólica belleza. Desde allí fue que José Teodoro -sí, Teodoro (!)- Larralde estructuró toda su carrera, su inmenso corpus artístico y su característica poética interpretada en su aún más característica, honda y expansiva voz. Este guitarrero nació en el lejano 1937 en (dato extraño) Huanguelén, provincia de Buenos Aires y la primera parte de su recorrido musical comenzó allí, en compañía de un folclorista legendario con quien compartía mucho de su estética: Jorge Cafrune. En 1966, Larralde conoce a Cafrune y éste lo apadrina a partir de punguearle (?) un tema que el entonces joven José había compuesto, “Sin Pique”. A través de esta canción y de “Permiso” (otra composición propia grabada por Cafrune) es que Larralde termina firmando con la discográfica CBS, que será la que editará sus primeras y fundamentales obras, teñidas de las múltiples experiencias de la ajetreada juventud de un Larralde que por aquellos años había sido de todo, desde peón de estancia hasta albañil, y conocido en el proceso a muchísimos y muy particulares personajes, los que desde luego volcaría en sus obras, las que podemos enmarcar en el formato “canción” al no encontrársele una cadencia común a todas, claro.
Decíamos que la CBS lo había firmado, pues, en 1967. Al año siguiente, se edita el que quizás es el más grande himno de la carrera de José, una obra conceptual en forma de una única, extendida, expansiva, bucólica canción de poco más de 27 minutos (a la manera, aunque quizás él no lo supiera, de Roy Harper). Guitarra sola y voz, aquella obra maestra, aquel himno pleno de enseñanzas y reflexiones -una marca clásica de la carrera de este juglar, este contador de cuentos cuyo foco siempre fueron las intensamente humanas moralejas de simple y decisiva belleza- se llamó El Sentir De José Larralde y su única canción tuvo un título profético, megalómano pero justo: “Herencia Para Un Hijo Gaucho”. Cuando el canto me llega, me llega ansí, decidor, canta Larralde, y no vuelve a parar. Es una experiencia sensorial, fundamental, inherentemente espiritual y humana, tratar de comprender (como él mismo pide) todos y cada uno de los versos con los que este inmenso cantautor compone esta joya, ya que cada una de esas oraciones y estrofas tienen a su vez una carga didáctica y reflexiva pocas veces igualada ya no en el folclore sino en la música popular argentina y también una poesía para nada pedestre o sencilla sino densa, intensa, plena de imágenes diáfanas y hermosas. Así es la primera y sensacional, poderosa y sensible, parte de esa herencia que Larralde quizás quiso dejarle no sólo a un hipotético hijo suyo sino a todos los hijos de la Patria gaucha, esa patria que parece en retirada pero siempre está, latiendo con el corazón que sólo la Argentina puede tener. Pero esta versión completa editada allá por los ‘70 posee también la segunda y tercera parte de esta elegía mitad palabra hablada y mitad canción, mitad reflexión y mitad himno. Porque sí, claro, José tenía mucho más para decir y así fue que en 1969, apenas un año después de la primera, salía la segunda parte de El Sentir De José Larralde y en ellas, en el lado A y B, la segunda y tercera parte de la “Herencia Para Un Hijo Gaucho” que aquí les ofrecemos, recogidas una detrás de la otra en un volumen denso y dificultoso pero también profundo y necesario para entender una mentalidad que quizás nos sea lamentablemente lejana pero cuyos valores son indudablemente necesarios para comprender lo que nos hace argentinos y como una persona de bien nacida en este suelo debe comportarse. La necesidad de aprender estas cosas es la necesidad de escucharlas. Así que ya lo saben.
El rispeto debe ser, desde el mas chico al más grande: rispete cuando usted mande y rispete cuando es mandao; rispetar y ser cayao son las armas del que sabe.

José Larralde
Herencia Pa’ Un Hijo Gaucho [Versión Completa]
RCA, 1970
320 kbps. | 150 MB aprox.

En la pasada entrada hablamos de una especie de juglar británico, de uno de esos tipos que toman la guitarra y escriben -y cantan, cómo que no- una de esas canciones venidas del corazón que refieren a los sentimientos más hermosos y profundos del ser humano. Esta estirpe es muy particular, especial y tradicional. Tan tradicional es que surge naturalmente de las entrañas de la música popular de cada uno de sus países, de aquello que se denomina folklore, literalmente música de la tierra. Hoy les presentamos uno de los máximos exponentes de esta tendencia en nuestro país, un cantante, guitarrista e intérprete cuyo estilo único y lírica profunda, tradicionalista, nacional y de una poética descarnada y de un espíritu profundamente simple han marcado el folclore de su región para siempre. El señor cuya barbuda y adusta (?) figura ilustra este post es quizás el máximo exponente de la música de la región patagónica argentina, es decir, de los fondos del país, de esos territorios casi chilenos (?) que se caracterizan a su vez por sus desolados parajes, desérticos paisajes y caminos de bucólica belleza. Desde allí fue que José Teodoro -sí, Teodoro (!)- Larralde estructuró toda su carrera, su inmenso corpus artístico y su característica poética interpretada en su aún más característica, honda y expansiva voz. Este guitarrero nació en el lejano 1937 en (dato extraño) Huanguelén, provincia de Buenos Aires y la primera parte de su recorrido musical comenzó allí, en compañía de un folclorista legendario con quien compartía mucho de su estética: Jorge Cafrune. En 1966, Larralde conoce a Cafrune y éste lo apadrina a partir de punguearle (?) un tema que el entonces joven José había compuesto, “Sin Pique”. A través de esta canción y de “Permiso” (otra composición propia grabada por Cafrune) es que Larralde termina firmando con la discográfica CBS, que será la que editará sus primeras y fundamentales obras, teñidas de las múltiples experiencias de la ajetreada juventud de un Larralde que por aquellos años había sido de todo, desde peón de estancia hasta albañil, y conocido en el proceso a muchísimos y muy particulares personajes, los que desde luego volcaría en sus obras, las que podemos enmarcar en el formato “canción” al no encontrársele una cadencia común a todas, claro.

Decíamos que la CBS lo había firmado, pues, en 1967. Al año siguiente, se edita el que quizás es el más grande himno de la carrera de José, una obra conceptual en forma de una única, extendida, expansiva, bucólica canción de poco más de 27 minutos (a la manera, aunque quizás él no lo supiera, de Roy Harper). Guitarra sola y voz, aquella obra maestra, aquel himno pleno de enseñanzas y reflexiones -una marca clásica de la carrera de este juglar, este contador de cuentos cuyo foco siempre fueron las intensamente humanas moralejas de simple y decisiva belleza- se llamó El Sentir De José Larralde y su única canción tuvo un título profético, megalómano pero justo: “Herencia Para Un Hijo Gaucho”. Cuando el canto me llega, me llega ansí, decidor, canta Larralde, y no vuelve a parar. Es una experiencia sensorial, fundamental, inherentemente espiritual y humana, tratar de comprender (como él mismo pide) todos y cada uno de los versos con los que este inmenso cantautor compone esta joya, ya que cada una de esas oraciones y estrofas tienen a su vez una carga didáctica y reflexiva pocas veces igualada ya no en el folclore sino en la música popular argentina y también una poesía para nada pedestre o sencilla sino densa, intensa, plena de imágenes diáfanas y hermosas. Así es la primera y sensacional, poderosa y sensible, parte de esa herencia que Larralde quizás quiso dejarle no sólo a un hipotético hijo suyo sino a todos los hijos de la Patria gaucha, esa patria que parece en retirada pero siempre está, latiendo con el corazón que sólo la Argentina puede tener. Pero esta versión completa editada allá por los ‘70 posee también la segunda y tercera parte de esta elegía mitad palabra hablada y mitad canción, mitad reflexión y mitad himno. Porque sí, claro, José tenía mucho más para decir y así fue que en 1969, apenas un año después de la primera, salía la segunda parte de El Sentir De José Larralde y en ellas, en el lado A y B, la segunda y tercera parte de la “Herencia Para Un Hijo Gaucho” que aquí les ofrecemos, recogidas una detrás de la otra en un volumen denso y dificultoso pero también profundo y necesario para entender una mentalidad que quizás nos sea lamentablemente lejana pero cuyos valores son indudablemente necesarios para comprender lo que nos hace argentinos y como una persona de bien nacida en este suelo debe comportarse. La necesidad de aprender estas cosas es la necesidad de escucharlas. Así que ya lo saben.

El rispeto debe ser, desde el mas chico al más grande: rispete cuando usted mande y rispete cuando es mandao; rispetar y ser cayao son las armas del que sabe.

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