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esos discos que me salvaron la vida.

NOFXSo Long And Thanks For All The ShoesEpitaph, 1997320 kbps. | 73 MB aprox.

Querido blog: vos sabés que no te molestaría si no fuera estrictamente necesario hacerlo, soy de esos tipos que la verdad no piden nada especial y no les gusta joder demasiado al prójimo, pero si hubo un momento en el que sintiera que tenía que escribirte, ese era este. No es que me cuesten las despedidas, ni tampoco que quiera ser melodramático (aunque me conocés y tiendo a ser exagerado, trato de no dar lástima nunca, pelealo, tenele bronca, vos sabés cómo es eso) pero ya venía siendo hora de que nos dijéramos un montón de cosas. Y como vos no podés hablar, y yo si te hablo quedo como un loco de mierda, básicamente (?), se me ocurrió hacer lo único que parecí saber hacer durante un poco más de dos años, o sea, escribirte. Sí, ya sé, tampoco es que supiera hacer muy bien eso, pero bueno, a fuerza de costumbre y rutina uno va engañando al prójimo; además a la gente le gusta y vos sabés cómo es el tema con la gente, son los que rigen todo, vox populi vox dei, Vox Dei presente el momento en que estás, etcétera. Bueno, voy parando antes de hundirme todavía más en la digresión (y podría, vos viste que justo ese tema y las despedidas, es como la otra de Lerner), te pido disculpas, vos me conocés, me cuesta un poco mantener la concentración pero no quiero hacer -más- confusas estas líneas porque quiero ser bien clarito, bien elocuente con lo que digo en vez de hundirme en parrafadas de enrevesamiento innecesario. Seguramente lo termine haciendo y eso quiera decir que abandones esta carta a la mitad de la lectura, pero bueno, me arriesgo a eso, como Foster Wallace cuando se peleó con una novia y le escribió una carta de sesenta y siete páginas doble faz explicándole las razones. Yo no voy a llegar a sesenta y siete páginas (eso espero, al menos) ni tampoco a la prosa de ese muchacho -ni a su final, quiero creer- pero puedo ser bastante retorcido también cuando digo las cosas. Así que hoy, al menos, que esto ya va terminándose, me parece que me debo, que nos debo, la antipática obligación de ser sincero. No sé si quería que se terminara esto, supongo que vos tampoco, a vos te da vida y a mí me da un espacio de expresión, un lugar donde soltar toda esa energía que es imposible canalizar por otro lado. Pero a veces es bueno cerrar etapas, terminar de dibujar los círculos como para darse cuenta de que hay vida también afuera de ese redondel al que no le divisábamos los límites. No estoy diciendo, tampoco, que de repente te hayas vuelto irrelevante para mi existencia, no seas tontito, querés (?) sino que llega un momento en el que el camino que uno construye ha ido lo suficientemente lejos, tanto como para pararse en la punta de la hipotética colina que uno ha llegado a trepar con su esfuerzo, mirar hacia abajo y sentirse mínimamente orgulloso de lo que se ha logrado. De allí en más, ¿para qué seguir? Por supuesto, podríamos seguir intentando perpetuar esto, haciéndole la mímica a esa energía original como si fuésemos unos Stones en la búsqueda de la juventud eterna, pero se me hace que no sería real, no sé si te pasa. Me parece que cuando uno otea que las cosas están por terminarse, lo mejor que se puede hacer es, justamente, darles el mejor cierre posible. Y yo creo que nos estamos dando esa oportunidad, y yo sé que me vas a entender como siempre me entendiste, como siempre fuiste el espacio al que recurría cuando tenía algo que decir y, por supuesto, juntos aprendíamos cómo disfrazar todas esas cosas que pasaban en medio de referencias musicales, aprendíamos a discernir donde terminaba un sentimiento, hasta donde llegaba un recuerdo, y dónde empezaba la nueva elaboración, lo que construíamos a partir del peso de esas emociones que salían a la luz por el simple ansia de hacerlas salir. En la medida en que vos fuiste creciendo, te fuiste transformando, mutando, mejorando quizás, también lo hice yo. Fue parejito eso. Sé que hoy, tomando esta decisión que he tomado, rompo esa paridad. Pero no te abandono, no te dejo solo. Te dejo en compañía de los poquitos que hicieron de vos algo especial, porque vos bien sabés que esto al principio era entre nosotros dos pero algo pasó, no sé bien qué, y de repente hay algunos a los que esto que hicimos les gusta, lo sienten propio y hasta, dicen, lo van a extrañar. Sí, ya sé, ambos sabemos que eso de extrañar se tira con pasmosa generosidad, internet es así, tan efímera y pasajera, tan abultada en su flujo de información que es imposible extrañar algo, mucho menos un espacio como este. Aunque se vayan a olvidar en un mes, igual, es bastante lindo que nos digan que nos extrañarán. Deberías sentirte, vos también, orgulloso. Mirá hasta dónde llegaste. Hay ciento cincuenta y cuatro millones doscientos mil como vos, aproximadamente. Pero vos sos único. Porque hemos puesto en esto una cantidad de energía, unas sensaciones, unas emociones, unos recuerdos, unos sentimientos, una garra que yo no sé si alguno de los que postea fotos de gatitos y rebloguea GIFs le pone a lo que hace. Por supuesto que esa es toda nuestra, que nadie nos lo pidió, que lo hicimos porque quisimos; ese es el punto, justamente. Vos abriste el espacio y yo supe que debía aprovecharlo, que teníamos que construir algo, lo que fuera, y que teníamos que llevarlo todo lo lejos que fuera posible. Algo hemos logrado, me parece, por chiquito que sea. Ahí vas a quedar vos, en el ciberespacio, el permanente testimonio de que una idea puede llevarse a cabo sin más intereses que el de hacer, el de crear, el de compartir. No me siento altruista y sé que vos tampoco, porque la idea nunca fue que lo fuéramos. La idea fue esencialmente hacer la nuestra, y bien que la hicimos. Pero se termina, porque, precisamente, ya la hicimos. No sé si me estoy explicando bien, lo único que quiero es que no haya resquemores entre vos y yo justo en este momento. Los finales suelen ser tiempos a los que uno les reserva ese ardor, el de la discordia, de todo lo irresuelto, pero no es este el caso. Y no lo es porque, vos lo sabés bien, nosotros ya resolvimos algo. Obviamente no es algo tangible, no es algo que aquellos que nos lean del otro lado puedan saber, pero algo ha cambiado en estos muchos meses en los que nos acompañamos y alimentamos, en que nos bancamos y crecimos juntos. Uno no es el mismo ninguno de los días en que se despierta, y nosotros intentamos reflejar ese cambio como si de un diario íntimo se tratara. Pero lo genial es que para el que lee, no fue eso. Para quien lee (que vos sabés que al principio mucho no importaba, pero después nos ayudó bastante saber que había alguien del otro lado; eso siempre ayuda) vos podías ser una colección más o menos peculiar de desvaríos de una mente cuyos sentimientos estaban invariablemente ligados a la experiencia musical, pero no sé cuántos de ellos entendieron cuánto poníamos en juego en cada uno de esos escritos. Mierda, tampoco sé cuál es la proporción entre gente que te ve y gente que realmente te lee. Tampoco estoy seguro de que importe, pero es un lindo jueguito mental para hacer, porque mientras menos sean (y te aseguro que son poquitos) más importante es para esos pocos lo que vos sos, lo que vos fuiste. También tienen que entender, esos pocos que seguramente todavía estén con alguna que otra sensación encontrada, que vos igual serás, seguirás siendo, seguirás estando. Eso es lo bueno de haber puesto nuestra energía en algo así. Que todo lo que hicimos, todo lo que compartimos, lo que escribimos, lo que creamos, no desaparece; al menos hasta que a alguien se le ocurra cambiar de posición el interruptor. Está acá, nos mandamos y se lo dimos al mundo, lo dejamos flotando por ahí. Por eso te digo que no te tenés que sentir abandonado, porque siempre va a haber quien te siga encontrando. Andá a saber cómo, pero te garantizo que dentro de mucho tiempo todavía va a haber gente que -como pasa seguido hoy en día- nos agradezca lo que somos, lo que hacemos, se reconozca en tus columnas y sienta la necesidad de decírnoslo. Ahí estaré yo, del otro lado, siempre dispuesto a rememorar un tiempo en el que lo que importaba era que vos siguieras creciendo, seguir aligerando el peso de mis sentimientos a la vez que hacía más pesado, más contundente el volumen de eso en lo que te ibas convirtiendo.
Capaz es eso, también. Tal vez vos ya tenés un peso que te permita ser algo propio, que te de una dimensión lo suficientemente independiente como para permanecer por cuenta propia aquí, con una identidad definida, con una idea determinada. Y tal vez yo ya no necesite descargar en vos el peso de mis sentimientos, tal vez ya haya aprendido de ellos y, aunque nunca se aprende lo suficiente, esté listo para pasar al próximo nivel. Sí, el de la vida real, jajá, qué gracioso (?). No sé cuál sea ese próximo nivel, no sé qué es lo que viene, pero eso también es lo genial del asunto, eso un poco te hizo tan único a vos, después de todo: no saber qué era lo que íbamos a hacer después, en qué baile nos íbamos a meter, de qué fárrago habría que salir. Nos metimos en muchos y salimos de muchos, eh. Así que no hay razón para pensar que no vamos a salir fortalecidos de esta ambos, vos por tu camino de generar contagio, de permanecer para ser algún día referencia para quien ande buscando una, y yo en el mío de seguir dando vueltas por la vida viendo en qué estación parar, en qué palenque creativo atar el caballo desbocado de las ansias de descubrimiento que le dan combustible a esto que soy. Decime si viendo las cosas así no se entiende perfecto la decisión que tomé, dale. La gente, dirás seguramente vos, qué pasa con la gente. Pasa que la gente, como te dije, se va a olvidar de esto rápido, y está bien que así sea. También estaría bien que no se olviden, obviamente, pero lo que no está bien es que crean que este final es algo doloroso de por sí. Porque si efectivamente no se olvidan será porque les hemos dado un recuerdo, y es mucho más de lo que pensamos que podíamos darles, me parece a mí. Creíamos en darles música sin una razón en particular, música por el ansia de hacerlo nomás, y lo hicimos. Pero si encima nos llegan a decir que hemos hecho algo mínimamente memorable, tanto mejor. ¿Cómo no le vamos a dar un final si es algo memorable? ¿Cómo arriesgarnos a transformarnos en otra normalidad más si te dicen que no lo sos? Pero por sobre todas las cosas, ¿por qué sacrificar una misión por una continuidad, si la continuidad no dice nada y las misiones lo dicen todo? Obvio que causa gracia que te diga que sos una misión, pero es lo que fuiste para mí en un momento, tanto por lo que sentía que estaba logrando (conmigo mismo, no con los de afuera, en ese momento no me importaba eso) como por la dificultad que eso entrañaba a veces, el siempre latente riesgo de caer en lo rutinario, el desgano que solía atacar y al que había que vencer. Vos me enseñaste muchas cosas, pero por sobre todo me enseñaste constancia, y creo que ese es el mejor amigo del artista. Ojo, no es que me esté considerando yo un artista, sino que me parece que a cualquiera que quiera meterse en el bardo del acto creativo le vendría muy bien saber que la primera regla para poder hacerlo con éxito es ser constante, preocuparse por la producción y preocuparse por producir, muchas veces sin corregir, otras tantas sin sentido, pero hacerlo. Así creciste vos, así te volviste esto, y eso es algo que vos me diste y por lo que te voy a agradecer toda la vida. En realidad tengo muchas razones para agradecerte, vos sabés, y vos no tenés ninguna que agradecerme a mí, lo cual también es perfecto, porque es exactamente -ya que estábamos hablando de la gente, ese colectivo tan indefinido- lo que siento que pasa con esos pocos a los que lo que hicimos juntos les gustó lo suficiente como para considerarlo parte de sus vidas. Es decir, mirá lo que acabo de escribir, mirá lo que acabás de leer y decime si ese no es el obsequio más grande que pudimos recibir. Eso no destiñe eh, eso no se termina por más que vos sí te termines. Hubo gente a la que le llegamos, yo no sé con certeza cuánto, pero eso dijeron al menos. Vos viste que uno que es un utópico también es un crédulo, así que optemos por creerles. Imaginate si son ellos los que nos tienen que dar gracias a nosotros, si hay necesidad de que lo hagan. Sin embargo lo hacen eh, y como te dije lo van a seguir haciendo, vas a ver. Pensando en eso me doy cuenta de que yo no necesito más. Tal vez vos sí, tal vez esta al final sí sea una decisión egoísta, pero la verdad es que no me importa demasiado si lo es o no, me importa haber divisado que debía tomarla y haberlo hecho efectivamente. Porque no vaya a creer usted, amigo, que no lo voy a extrañar. Posiblemente durante el primer tiempo no tener que desmembrarme en palabras se me antoje como un lindo descanso, como un alivio, pero siempre voy a extrañar hacerlo. Tal vez algún día lo extrañe lo suficiente como para que nos juntemos de nuevo, andá a saber. Dicen que las giras de reunión son las que más garpan, así que por ahí podríamos hacer un mango por una vez en la vida (?). Pero hasta entonces simplemente me dedicaré con toda pasión al ejercicio de extrañarte, de pensarte, de reflexionar acerca de todo lo que hice, lo que logré durante un tiempo lindo, muchas veces difícil, casi insondable, pero en el que fuiste un poco el ancla que me mantuvo con un pie en tierra, con la noción de que había cosas que no había que dejar porque dejarlas sería como dejarse a uno mismo. Justamente por eso es que siento, hoy, que no es que te esté dejando. En todo caso te dejo ser, pero no te dejo como quien abandona, te suelto como quien sabe que ya estás lo suficientemente grande como para caminar solito. Por ende, todavía te sigo cuidando, todavía sigo intentando que crezcas, pero ahora de otra manera, de otro modo, tal como tiene que ser el ciclo de la vida; amanecer, ocaso, amanecer, ocaso (?). Sé que crecerás por las tuyas, sé que seguirás siendo algo para alguien y, en todo caso, si no sos algo para alguien siempre vas a ser algo para mí y eso es lo único que importa, ¿no? Después de todo fue la única razón para que estés acá. Así que no estés triste, no me tengas bronca, no pienses que esto se termina y es definitivo, lo único definitivo es la muerte. Acá empieza otra cosa. Vos no sabés lo que es, yo tampoco, pero me parece que nadie sabe bien qué es lo que va a empezar cuando se termina algo. Más bien lo va aprendiendo en el camino, se va metiendo en la experiencia lo suficiente como para terminar entendiendo. Fijate que ese es uno de los mensajes que siempre quisimos transmitir. Ahora pongámoslo en práctica, dejemos los atavíos de lo que solíamos ser, convirtámonos en otro, cambiemos, mutemos, mejoremos, sigamos aprendiendo, sigamos queriendo, creciendo, doliendo, sigamos generando sentimientos, recuerdos, creación. Sigamos siendo nosotros mismos, pero cambiados para siempre por una, maravillosa, trascendental, epifánica, experiencia. Esta que atravesamos juntos.
Ahora sí, chau.

NOFX
So Long And Thanks For All The Shoes
Epitaph, 1997
320 kbps. | 73 MB aprox.

Querido blog: vos sabés que no te molestaría si no fuera estrictamente necesario hacerlo, soy de esos tipos que la verdad no piden nada especial y no les gusta joder demasiado al prójimo, pero si hubo un momento en el que sintiera que tenía que escribirte, ese era este. No es que me cuesten las despedidas, ni tampoco que quiera ser melodramático (aunque me conocés y tiendo a ser exagerado, trato de no dar lástima nunca, pelealo, tenele bronca, vos sabés cómo es eso) pero ya venía siendo hora de que nos dijéramos un montón de cosas. Y como vos no podés hablar, y yo si te hablo quedo como un loco de mierda, básicamente (?), se me ocurrió hacer lo único que parecí saber hacer durante un poco más de dos años, o sea, escribirte. Sí, ya sé, tampoco es que supiera hacer muy bien eso, pero bueno, a fuerza de costumbre y rutina uno va engañando al prójimo; además a la gente le gusta y vos sabés cómo es el tema con la gente, son los que rigen todo, vox populi vox dei, Vox Dei presente el momento en que estás, etcétera. Bueno, voy parando antes de hundirme todavía más en la digresión (y podría, vos viste que justo ese tema y las despedidas, es como la otra de Lerner), te pido disculpas, vos me conocés, me cuesta un poco mantener la concentración pero no quiero hacer -más- confusas estas líneas porque quiero ser bien clarito, bien elocuente con lo que digo en vez de hundirme en parrafadas de enrevesamiento innecesario. Seguramente lo termine haciendo y eso quiera decir que abandones esta carta a la mitad de la lectura, pero bueno, me arriesgo a eso, como Foster Wallace cuando se peleó con una novia y le escribió una carta de sesenta y siete páginas doble faz explicándole las razones. Yo no voy a llegar a sesenta y siete páginas (eso espero, al menos) ni tampoco a la prosa de ese muchacho -ni a su final, quiero creer- pero puedo ser bastante retorcido también cuando digo las cosas. Así que hoy, al menos, que esto ya va terminándose, me parece que me debo, que nos debo, la antipática obligación de ser sincero. No sé si quería que se terminara esto, supongo que vos tampoco, a vos te da vida y a mí me da un espacio de expresión, un lugar donde soltar toda esa energía que es imposible canalizar por otro lado. Pero a veces es bueno cerrar etapas, terminar de dibujar los círculos como para darse cuenta de que hay vida también afuera de ese redondel al que no le divisábamos los límites. No estoy diciendo, tampoco, que de repente te hayas vuelto irrelevante para mi existencia, no seas tontito, querés (?) sino que llega un momento en el que el camino que uno construye ha ido lo suficientemente lejos, tanto como para pararse en la punta de la hipotética colina que uno ha llegado a trepar con su esfuerzo, mirar hacia abajo y sentirse mínimamente orgulloso de lo que se ha logrado. De allí en más, ¿para qué seguir? Por supuesto, podríamos seguir intentando perpetuar esto, haciéndole la mímica a esa energía original como si fuésemos unos Stones en la búsqueda de la juventud eterna, pero se me hace que no sería real, no sé si te pasa. Me parece que cuando uno otea que las cosas están por terminarse, lo mejor que se puede hacer es, justamente, darles el mejor cierre posible. Y yo creo que nos estamos dando esa oportunidad, y yo sé que me vas a entender como siempre me entendiste, como siempre fuiste el espacio al que recurría cuando tenía algo que decir y, por supuesto, juntos aprendíamos cómo disfrazar todas esas cosas que pasaban en medio de referencias musicales, aprendíamos a discernir donde terminaba un sentimiento, hasta donde llegaba un recuerdo, y dónde empezaba la nueva elaboración, lo que construíamos a partir del peso de esas emociones que salían a la luz por el simple ansia de hacerlas salir. En la medida en que vos fuiste creciendo, te fuiste transformando, mutando, mejorando quizás, también lo hice yo. Fue parejito eso. Sé que hoy, tomando esta decisión que he tomado, rompo esa paridad. Pero no te abandono, no te dejo solo. Te dejo en compañía de los poquitos que hicieron de vos algo especial, porque vos bien sabés que esto al principio era entre nosotros dos pero algo pasó, no sé bien qué, y de repente hay algunos a los que esto que hicimos les gusta, lo sienten propio y hasta, dicen, lo van a extrañar. Sí, ya sé, ambos sabemos que eso de extrañar se tira con pasmosa generosidad, internet es así, tan efímera y pasajera, tan abultada en su flujo de información que es imposible extrañar algo, mucho menos un espacio como este. Aunque se vayan a olvidar en un mes, igual, es bastante lindo que nos digan que nos extrañarán. Deberías sentirte, vos también, orgulloso. Mirá hasta dónde llegaste. Hay ciento cincuenta y cuatro millones doscientos mil como vos, aproximadamente. Pero vos sos único. Porque hemos puesto en esto una cantidad de energía, unas sensaciones, unas emociones, unos recuerdos, unos sentimientos, una garra que yo no sé si alguno de los que postea fotos de gatitos y rebloguea GIFs le pone a lo que hace. Por supuesto que esa es toda nuestra, que nadie nos lo pidió, que lo hicimos porque quisimos; ese es el punto, justamente. Vos abriste el espacio y yo supe que debía aprovecharlo, que teníamos que construir algo, lo que fuera, y que teníamos que llevarlo todo lo lejos que fuera posible. Algo hemos logrado, me parece, por chiquito que sea. Ahí vas a quedar vos, en el ciberespacio, el permanente testimonio de que una idea puede llevarse a cabo sin más intereses que el de hacer, el de crear, el de compartir. No me siento altruista y sé que vos tampoco, porque la idea nunca fue que lo fuéramos. La idea fue esencialmente hacer la nuestra, y bien que la hicimos. Pero se termina, porque, precisamente, ya la hicimos. No sé si me estoy explicando bien, lo único que quiero es que no haya resquemores entre vos y yo justo en este momento. Los finales suelen ser tiempos a los que uno les reserva ese ardor, el de la discordia, de todo lo irresuelto, pero no es este el caso. Y no lo es porque, vos lo sabés bien, nosotros ya resolvimos algo. Obviamente no es algo tangible, no es algo que aquellos que nos lean del otro lado puedan saber, pero algo ha cambiado en estos muchos meses en los que nos acompañamos y alimentamos, en que nos bancamos y crecimos juntos. Uno no es el mismo ninguno de los días en que se despierta, y nosotros intentamos reflejar ese cambio como si de un diario íntimo se tratara. Pero lo genial es que para el que lee, no fue eso. Para quien lee (que vos sabés que al principio mucho no importaba, pero después nos ayudó bastante saber que había alguien del otro lado; eso siempre ayuda) vos podías ser una colección más o menos peculiar de desvaríos de una mente cuyos sentimientos estaban invariablemente ligados a la experiencia musical, pero no sé cuántos de ellos entendieron cuánto poníamos en juego en cada uno de esos escritos. Mierda, tampoco sé cuál es la proporción entre gente que te ve y gente que realmente te lee. Tampoco estoy seguro de que importe, pero es un lindo jueguito mental para hacer, porque mientras menos sean (y te aseguro que son poquitos) más importante es para esos pocos lo que vos sos, lo que vos fuiste. También tienen que entender, esos pocos que seguramente todavía estén con alguna que otra sensación encontrada, que vos igual serás, seguirás siendo, seguirás estando. Eso es lo bueno de haber puesto nuestra energía en algo así. Que todo lo que hicimos, todo lo que compartimos, lo que escribimos, lo que creamos, no desaparece; al menos hasta que a alguien se le ocurra cambiar de posición el interruptor. Está acá, nos mandamos y se lo dimos al mundo, lo dejamos flotando por ahí. Por eso te digo que no te tenés que sentir abandonado, porque siempre va a haber quien te siga encontrando. Andá a saber cómo, pero te garantizo que dentro de mucho tiempo todavía va a haber gente que -como pasa seguido hoy en día- nos agradezca lo que somos, lo que hacemos, se reconozca en tus columnas y sienta la necesidad de decírnoslo. Ahí estaré yo, del otro lado, siempre dispuesto a rememorar un tiempo en el que lo que importaba era que vos siguieras creciendo, seguir aligerando el peso de mis sentimientos a la vez que hacía más pesado, más contundente el volumen de eso en lo que te ibas convirtiendo.

Capaz es eso, también. Tal vez vos ya tenés un peso que te permita ser algo propio, que te de una dimensión lo suficientemente independiente como para permanecer por cuenta propia aquí, con una identidad definida, con una idea determinada. Y tal vez yo ya no necesite descargar en vos el peso de mis sentimientos, tal vez ya haya aprendido de ellos y, aunque nunca se aprende lo suficiente, esté listo para pasar al próximo nivel. Sí, el de la vida real, jajá, qué gracioso (?). No sé cuál sea ese próximo nivel, no sé qué es lo que viene, pero eso también es lo genial del asunto, eso un poco te hizo tan único a vos, después de todo: no saber qué era lo que íbamos a hacer después, en qué baile nos íbamos a meter, de qué fárrago habría que salir. Nos metimos en muchos y salimos de muchos, eh. Así que no hay razón para pensar que no vamos a salir fortalecidos de esta ambos, vos por tu camino de generar contagio, de permanecer para ser algún día referencia para quien ande buscando una, y yo en el mío de seguir dando vueltas por la vida viendo en qué estación parar, en qué palenque creativo atar el caballo desbocado de las ansias de descubrimiento que le dan combustible a esto que soy. Decime si viendo las cosas así no se entiende perfecto la decisión que tomé, dale. La gente, dirás seguramente vos, qué pasa con la gente. Pasa que la gente, como te dije, se va a olvidar de esto rápido, y está bien que así sea. También estaría bien que no se olviden, obviamente, pero lo que no está bien es que crean que este final es algo doloroso de por sí. Porque si efectivamente no se olvidan será porque les hemos dado un recuerdo, y es mucho más de lo que pensamos que podíamos darles, me parece a mí. Creíamos en darles música sin una razón en particular, música por el ansia de hacerlo nomás, y lo hicimos. Pero si encima nos llegan a decir que hemos hecho algo mínimamente memorable, tanto mejor. ¿Cómo no le vamos a dar un final si es algo memorable? ¿Cómo arriesgarnos a transformarnos en otra normalidad más si te dicen que no lo sos? Pero por sobre todas las cosas, ¿por qué sacrificar una misión por una continuidad, si la continuidad no dice nada y las misiones lo dicen todo? Obvio que causa gracia que te diga que sos una misión, pero es lo que fuiste para mí en un momento, tanto por lo que sentía que estaba logrando (conmigo mismo, no con los de afuera, en ese momento no me importaba eso) como por la dificultad que eso entrañaba a veces, el siempre latente riesgo de caer en lo rutinario, el desgano que solía atacar y al que había que vencer. Vos me enseñaste muchas cosas, pero por sobre todo me enseñaste constancia, y creo que ese es el mejor amigo del artista. Ojo, no es que me esté considerando yo un artista, sino que me parece que a cualquiera que quiera meterse en el bardo del acto creativo le vendría muy bien saber que la primera regla para poder hacerlo con éxito es ser constante, preocuparse por la producción y preocuparse por producir, muchas veces sin corregir, otras tantas sin sentido, pero hacerlo. Así creciste vos, así te volviste esto, y eso es algo que vos me diste y por lo que te voy a agradecer toda la vida. En realidad tengo muchas razones para agradecerte, vos sabés, y vos no tenés ninguna que agradecerme a mí, lo cual también es perfecto, porque es exactamente -ya que estábamos hablando de la gente, ese colectivo tan indefinido- lo que siento que pasa con esos pocos a los que lo que hicimos juntos les gustó lo suficiente como para considerarlo parte de sus vidas. Es decir, mirá lo que acabo de escribir, mirá lo que acabás de leer y decime si ese no es el obsequio más grande que pudimos recibir. Eso no destiñe eh, eso no se termina por más que vos sí te termines. Hubo gente a la que le llegamos, yo no sé con certeza cuánto, pero eso dijeron al menos. Vos viste que uno que es un utópico también es un crédulo, así que optemos por creerles. Imaginate si son ellos los que nos tienen que dar gracias a nosotros, si hay necesidad de que lo hagan. Sin embargo lo hacen eh, y como te dije lo van a seguir haciendo, vas a ver. Pensando en eso me doy cuenta de que yo no necesito más. Tal vez vos sí, tal vez esta al final sí sea una decisión egoísta, pero la verdad es que no me importa demasiado si lo es o no, me importa haber divisado que debía tomarla y haberlo hecho efectivamente. Porque no vaya a creer usted, amigo, que no lo voy a extrañar. Posiblemente durante el primer tiempo no tener que desmembrarme en palabras se me antoje como un lindo descanso, como un alivio, pero siempre voy a extrañar hacerlo. Tal vez algún día lo extrañe lo suficiente como para que nos juntemos de nuevo, andá a saber. Dicen que las giras de reunión son las que más garpan, así que por ahí podríamos hacer un mango por una vez en la vida (?). Pero hasta entonces simplemente me dedicaré con toda pasión al ejercicio de extrañarte, de pensarte, de reflexionar acerca de todo lo que hice, lo que logré durante un tiempo lindo, muchas veces difícil, casi insondable, pero en el que fuiste un poco el ancla que me mantuvo con un pie en tierra, con la noción de que había cosas que no había que dejar porque dejarlas sería como dejarse a uno mismo. Justamente por eso es que siento, hoy, que no es que te esté dejando. En todo caso te dejo ser, pero no te dejo como quien abandona, te suelto como quien sabe que ya estás lo suficientemente grande como para caminar solito. Por ende, todavía te sigo cuidando, todavía sigo intentando que crezcas, pero ahora de otra manera, de otro modo, tal como tiene que ser el ciclo de la vida; amanecer, ocaso, amanecer, ocaso (?). Sé que crecerás por las tuyas, sé que seguirás siendo algo para alguien y, en todo caso, si no sos algo para alguien siempre vas a ser algo para mí y eso es lo único que importa, ¿no? Después de todo fue la única razón para que estés acá. Así que no estés triste, no me tengas bronca, no pienses que esto se termina y es definitivo, lo único definitivo es la muerte. Acá empieza otra cosa. Vos no sabés lo que es, yo tampoco, pero me parece que nadie sabe bien qué es lo que va a empezar cuando se termina algo. Más bien lo va aprendiendo en el camino, se va metiendo en la experiencia lo suficiente como para terminar entendiendo. Fijate que ese es uno de los mensajes que siempre quisimos transmitir. Ahora pongámoslo en práctica, dejemos los atavíos de lo que solíamos ser, convirtámonos en otro, cambiemos, mutemos, mejoremos, sigamos aprendiendo, sigamos queriendo, creciendo, doliendo, sigamos generando sentimientos, recuerdos, creación. Sigamos siendo nosotros mismos, pero cambiados para siempre por una, maravillosa, trascendental, epifánica, experiencia. Esta que atravesamos juntos.

Ahora sí, chau.

#punkitos  

ReynolsBlank TapesTrente Oiseaux, 1999320 kbps. | 106 MB aprox.

Dejar no es lo mismo que abandonar, abandonar se abandonan las causas perdidas, aquellas por las que ya no tiene sentido luchar porque se siente que todo apunta al mismo final, al barco hundiéndose en la intensa tormenta de la existencia, en la vorágine del maremoto de lo que pasa todos los días, en la inevitable destrucción, en la caída de todo lo conocido, en la desaparición de aquello por lo que tantas veces uno quiso pero ya no pudo pelear y yo no abandono, nadie abandona acá, acá lo que se hace es terminar con una especie de misión una misión pequeña, sí, pero significativa, significativa únicamente para mí aunque ustedes que a veces están del otro lado a veces no pero eso realmente no importa porque significativa es especialmente para mí que la emprendo como se emprende lo que se sabe que es una causa perdida pero se intenta siempre con la utopía por delante siempre el corazón en el ojal siempre el intento de hacer lo mejor posible porque si no hacemos lo mejor posible decime vos qué carajo estamos haciendo acá si no estamos acá para pelearnos contra todos los molinos contra todos los males de este mundo como decía el Flaco yo no sé para qué seguimos acá y por ahí esta definición que les estoy tirando les resulte megalómana por ahí muchas de las cosas que se han dicho o mejor escrito por acá les hayan resultado megalómanas ególatras insensatas egocéntricas o tal vez simplemente estúpidas pero no importa porque fueron dichas igual y como no fueron dichas para ustedes sino para mí lo único que puede esperarse del otro lado cuando hay otro lado que es algo que usualmente no importa porque lo que importa es hacer es que lo entiendan de alguna de una de cualquiera de las maneras eso es lo que uno espera una conexión un contagio cualquiera sea bienvenido sea si me odian también bienvenido sea si jamás ni por un segundo se dedicaron a leer ninguna de las palabras que aquí aparecen y simplemente clickeaban en la tapa de los discos para tener música en sus casas porque eso eso es lo que importa y siempre importó la música la música nada más esto que escribo es un complemento es algo es nada es para mí no es para ustedes nunca fue para ustedes pero la música sí la música claro también es para mí porque si no miren el título del blog qué egocéntrico qué autofelado dijeron alguna vez por ahí qué creativos para el insulto imaginate hay gente que se gasta un segundo de su vida en pensar un insulto que describa lo que hago acá no es una locura es una locura efectivamente todo esto es una locura por supuesto que no estoy hablando de esto en un sentido tan abarcativo como esto la existencia es muy tarde ya para hablar de eso en un marco tan filosófico dicho en cristiano estamos jodidos hermano para qué carajo vamos a hablar de eso sino de esto chiquito humilde pequeño insensato sí utópico también que alguna vez se me ocurrió nacido del aburrimiento del estancamiento de la rutina del statu quo de la atrofia del estadio quedo en el que estaba mi vida y dije vamos a ponerle un poco de música al asunto después se terminó convirtiendo en una linda actividad y progresivamente en una misión y hasta un sacerdocio las horas perdidas los discos caídos los textos que no tenía ganas de escribir la vida misma pasándome por el costado pero también pasando por acá porque en la medida en que fui escribiendo me fui descubriendo me fui entendiendo bueno eso último es mentira nadie se entiende nunca en realidad lo máximo a lo que podemos apelar es a convivir con esto que somos pero ustedes comprenden a lo que voy uno se vuelca acá sí pelotudo entre tanta maraña de palabras que no te animaste a leer había un tipo contándote lo que sentía viste lo que se aprende si se dedica un segundo a algo más que hacerse la paja pero bueno capaz no importa eso tampoco porque a quién carajo le interesa conocer a una persona más a una persona que escribe tan insufriblemente extenso y tan enrevesado y tan creído y tan ególatra y tan autorreferencial que a veces dan ganas de matarlo a veces hasta a mí me dan ganas de matarme pero ustedes no saben que esto que escribo acá lo escupo, lo vomito para ponerle una palabra sin vuelo poético alguna incluso un poco asquerosa con el perdón de las damas pero es así esto sale en marejadas en torrentes inspirado quién sabe por qué motivado sin duda alguna por la gimnasia de tanto tiempo sentado frente a un teclado y sin querer caer en la misma de esta banda que salió de tal lado que toca tal música que este es su disco tanto eso se lo dejo a wikipedia y a ustedes que lo van a descubrir por ustedes mismos si bien yo les tiro algunos datos porque siempre es divertido jamás quise funcionar como una guía de escucha jamás les dije es por acá bueno algunas veces tal vez sí pero la mayor parte todas las partes del descubrimiento de la experiencia del abrirse al sentimiento y todas esas maneras que tengo de decir lo mismo lo logran ustedes escuchando eso es lo que quiero decir siempre escuchen no sean boludos escúchenlo todo aunque más no sea para ver qué va a pasar después total qué tenés que perder y no sabés cuánto tenés por ganar es un montón lo que se aprende cuando solamente te dedicás a saber qué sentís cuando escuchás música sin necesidad de acumularla ni rankearla ni organizarla de una manera determinada la única organización posible es la caprichosa no la de quique wolff la del capricho la de las cosas hechas por hacerlas en sí porque ganas porque pintó porque qué más da qué más da que me llamen el bala perdida pongan el tachado ustedes como esto esto siempre fue un capricho mío un antojo un y buéh qué otra cosa queda y ahí está era una joda y quedó bah nunca fue una joda o tal vez sí una joda a mí mismo como ponerle la traba a alguien para que se de cuenta por donde camina para que se despierte espabile y haga cosas se mande para adelante o para donde pinte en realidad siempre para adelante siempre decidido siempre con la idea siempre fija de que el único camino para salir es aprender aprender a entrar aprender a moverte aprender a aprender aprender a escuchar aprender escuchando aprender de las experiencias nunca dejar de aprender nunca creer que somos mejores que la vida que tenemos una página más que el libro que ya tenemos todo lo que queremos tener y no hay nada más que queramos experimentar si es así pegate un tiro hermano qué querés que te diga total para qué más vas a vivir yo estoy acá y sé que no voy a estar por mucho tiempo y entonces yo sigo viendo siempre qué onda experimentando aprendiendo pegándome la sabiola contra la pared o no pero siempre adelante hago cosas me salen me salen mal algunas no sé cómo me salieron pero igual las hice y trato siempre de dejar algo dejar algo para quién bueno creo que ya lo dije dejar algo para mí dejar algo para nadie más que para uno mismo para poder pararse en la punta misma de ese figurado camino y decir la puta hice algo qué pequeño qué poquito pero mirá yo hice esto porque estaba aburrido y ustedes le dieron sentido aunque en realidad tenía siempre tuvo sentido sólo para mí pero por lo menos algunos de ustedes sabían que siempre estaba esto esto que no es ni más ni menos que un blog de discos pero en realidad sí es más que un blog de discos por estos desvaríos que la verdad yo nunca puse acá para que ustedes leyeran o tal vez sí pero nunca con la real intención de forzarlos u obligarlos a nada no importa hagan lo que quieran en el momento en que las cosas están en el aire esas cosas son más suyas que mías nunca fueron mías para comenzar así que para qué reclamar posesión sobre lo que nunca se tuvo lo único que tengo son recuerdos y sentimientos y eso es lo que vuelco acá por qué porque tengo que repetirlo pintó y me parece mucho más fructífero que en una era tan automatizada tan estupidizada tan desprovista de todo atisbo de sentimiento donde todos somos cínicos todos somos irónicos todos somos el vivo el guapo el copado el canchero de la cuadra atrás del monitor riéndonos solos de un chiste que nosotros mismos hicimos y del que mañana nadie se va a acordar decía antes de empezar a divagar como acostumbro me parece mucho más interesante en una época donde parece que sentir cosas es de ingenuo de estúpido de soñador de utópico decir sí yo soy todas esas cosas pero por lo menos trato todos los días de no ser un pelotudo en vez de sentirme el mejor simplemente me siento literalmente y siento figurativamente siento lo que escribo siento eso acerca de lo que escribo siento este espacio como mío siento su acervo también como propio siento que va a quedar dando vueltas en ese interminable e indefinible espacio que llamamos justamente ciberespacio y eso me hace sentir bien y espero que a ustedes también no hay que estar triste porque acá no hay un abandono como decía al empezar a escribir todo esto por el contrario acá hay una misión cumplida y si tienen ganas de llorarme no les voy a decir la frase de miguel aunque debería si tienen ganas de llorarme recuerden que en un tiempito más bien corto se van a olvidar de todo esto porque la tristeza pasa lo que queda amigos me encantó siempre llamarlos amigos aunque seguramente no sería amigo de muchos de ustedes nunca jamás en la puta vida pero lo que nos hace amigos es justamente todo esto que compartimos acá ese fogón que calienta pero no quema y que son los discos lo que queda es la obra lo que uno decide y lo que uno hace con lo que uno decide aquello de lo que uno se hace cargo y dice lo voy a llevar hasta las consecuencias no las últimas porque a veces no hay últimas consecuencias lo voy a llevar hasta donde pueda hasta donde quiera hasta donde deba pero a algún lado lo voy a llevar me voy a armar sobre todo de constancia porque eso es lo que importa créanme más allá de la entrega que no se negocia la constancia es lo más difícil de todo es incordiosa es fastidiosa es molesta es pedigüeña es absorbente y posesiva y con esa herramienta incordiosafastidiosamolesta ustedes entendieron con esa herramienta voy a hacer algo lo que sea no sé construite una repisa con las instrucciones del paquete pintate un cuadro aunque sea feo hacé algo algo que sea significativo para vos porque si es significativo para vos es porque pusiste pasión pusiste energía pusiste el momento ese que los budistas llaman satori lo zen el descubrimiento todo tu rango vital dedicado exclusivamente a eso eso que estás haciendo y nada más importa abstraído del mundo y sobre todo no importa porque realmente no importa ni siquiera eso que estás haciendo porque lo estás haciendo para vos por hacer y decime vos si ese no es un desprendimiento si hablando de budismo justamente no es ese el desprenderse fundamental la idea de que uno no hace cosas porque necesita que esas cosas generen algo uno hace cosas porque uno necesita hacerlas y si generan buenísimo pero si no generan que es lo más probable siempre estarán ahí y algún día generarán algo aunque más no sea su permanencia o la nostalgia noble de saber que igualmente por un momento uno canalizó todo lo expió todo lo superó todo a través de ese único acto o de esa serie de actos en los que demostró constancia misión búsqueda del camino energía pura puesta adelante siempre para ver qué onda o para no ver nada para hacer hacer simplemente no ser una ameba no ser un organismo unicelular que desaparece y ni sus desechos deja yo por ahora dejo esto mañana no sé ustedes manéjenlo y si los pone triste que esto no esté más pónganse a hacer cosas ustedes carajo que si quisiera dejar alguna lección mirá ahora se va a poner en pontificio aleccionador lo único que le faltaba al pelotudo es que este lugar fue un manifiesto para y por el hacer para y por el placer de lo que uno puede hasta donde puede llevarlo y divertirse con eso y manipularlo y que no importe el otro lado el otro lado tampoco existe no te vayas a creer que siempre que te tirás un pedo hay alguien que va a decir che qué feo olor no te creas tan importante en el devenir del universo por eso mismo justamente es que tenés que crear porque crear es el único acto de fe bueno con la excepción quizás del amor pero ese es otro quilombo en el que no pienso meterme que importa es lo único que se puede hacer para combatir el vacío y acá sí me pongo existencial porque el vacío siempre está y uno lo que hace es atosigarlo de cosas cosas y más cosas pero no seas pelotudo guardá esa tarjeta de crédito o mejor usala para comprarte un anotador un atril una guitarra unos pinceles algo algo con que crear algo con que salvaguardar todo el campo de tus emociones no tenés que ponerlas tan claritas como yo eh kamikazes somos algunos la mayoría son inteligentes pero las ponés igual las ponés en juego en ese único momento ese momento que no tiene forma no tiene tiempo por supuesto que dura dura un momento justamente y cuando terminaste te das cuenta que saliste con algo que no importa si es lindo feo si vende si es marketineable si se lo podemos encajar a alguien en una promoción si haciéndolo podés pegar un laburo si le va a importar a alguien porque ahí está y eso es todo lo que realmente va a trascender el hecho de que está ahí existe dentro de los márgenes que tenemos puestos para la existencia que son bastante estrechos por esto de que nada es realmente trascendente bueno eso el acto creativo es lo que más se le parece a ser trascendente para alguien para quién para uno quién más importa a veces hay que ocuparse de uno mismo carajo sin que te tilden de ególatra sin que te tilden de egocéntrico de egoísta de todas esas palabras que comienzan con la palabra ego porque nada tiene que ver esto con el ego no seas pelotudo querés esto tiene que ver justamente con lo contrario y si no lo entendiste francamente no veo cómo es mi problema pero dejame explicártelo cuando uno hace porque quiere hacer cuando uno comparte porque quiere compartir cuando uno aprende que lo que tiene que hacer no es esperar nada a cambio sino seguir viviendo sabiendo que el cambio es en uno mismo ahí es donde se desprende de ese ego que tan despectivamente largás y lo largás porque no sabés hacer otra cosa porque no te sometiste a ese mismo proceso a la supresión no del yo sino de la expectativa de que a toda acción le sobreviene una reacción práctica una finalidad hay cosas que no tienen finalidad pero sí final de eso no me van a convencer no se hagan los vivos hay cosas que son hay cosas que uno hace hay cosas que le importan sólo a uno y esas son las cosas más importantes porque son las que te ayudan a vivir todos los días a mí me importa la música no sé a vos y como me importa la música un día me puse a escribir de música y de escribir de música salió todo esto que no sé muy bien cómo calificarlo capaz esa tarea les queda a ustedes los que durante tanto tiempo me bancaron la pelusa de estos textos interminables que parecen palabrerío inconducente posiblemente en muchos casos lo sean pero en otros han servido han servido de un montón de maneras que ustedes claro no tienen por qué saber pero supongo que de alguna manera se les ocurre se les dibuja en su mente la imagen de un tipo sin más que hacer que escribir esto porque le pinta porque le gusta porque le sirve y diciendo esta es mi obra este es mi legado es pequeño no le importa a nadie pero me importa a mí me estoy repitiendo mucho nocierto bueno se la bancan que esto ya se termina y se termina no porque me haya aburrido no porque me haya cansado sino porque siento que mi trabajo aquí ya está hecho cambio de guardia cambio y fuera hagan ustedes creen diviértanse generen cosas no dejen de hacer porque el día que dejan de crear es el día que se mueren por dentro creen algo creen lo que sea creen una comida creen algo que no sea cinismo y fina ironía como observación de mundo en una red social creen una opinión pero piénsenla no la lean ni siquiera la escriban háganla para ustedes y cuando estén listos esa visión de mundo esa idiosincrasia esa cosmogonía se traducirá solita ella misma en las obras que le quieran dejar al mundo o a ustedes que para el caso es lo mismo porque su mundo cuando crean son ustedes mismos son su único público y aún si ese público dice que lo que crearon es una mierda tampoco le crean tampoco le crean si les dicen que es magnánimo brillante esplendoroso porque tampoco es verdad ustedes sigan creando y cuando algo siquiera se acerque a eso lo sentirán créanme sabrán que han hecho algo que vale la pena por sí mismo solamente por haber existido por estar por dirimir en pocos movimientos a veces en muchos como en muchas palabras como acá todo lo que es la existencia las voces que le hablan a uno desde los años que no ha vivido las emociones los sentimientos las opiniones los recuerdos las vivencias los odios también por qué no las ideas que tenemos del mundo de nuestra misión personal y de nuestra función en ese gran esquema que es la existencia misma a veces esto último no lo entendemos pero por eso mismo tenemos que refugiarnos en la intensidad del acto creativo el ajeno primero y luego el propio el nuestro el que nos hará sentir al menos por un momento que no todo es una mierda que al menos estamos haciendo algo que no es poco vos fijate cuánto boludo suelto y uno también boludo también suelto pero creando creando cosas que serán una mierda pero serán estarán permanecerán o al menos eso nos engañamos creyendo y está muy bien porque nada permanece realmente como dije más arriba nada existe pero lo que existe y está lo que vemos y palpamos nos alcanza movámonos en los confines de ese corralito al que llamamos realidad y sobre todo hagamos algo para cambiarla cambiarla siempre porque nunca estamos conformes pero tampoco podemos quedarnos en el deseo porque el deseo amigos el deseo es para los impotentes uno no es impotente uno no desea uno busca uno hace uno intenta y a veces uno encuentra y aún si no encuentra y queda roto de buscar queda la búsqueda también como un aprendizaje si sos lo suficientemente vivo de darte cuenta que dedicaste toda tu fuerza a eso como una misión como una declaración de principios un sacerdocio también ese de siempre andar buscando buscando qué buscándose a uno qué va a ser a quién creés que buscás toda la vida te buscás a vos mismo no buscás a nadie más te acompañás quizás que no es lo mismo pero la búsqueda la búsqueda es por uno para saber qué carajo pasa quién carajo somos por qué carajo sentimos y todas esas preguntas que uno le haría a la deidad si a la deidad existiera b la deidad escuchara c a la deidad le importara que son tres cosas muy distintas entre sí pero a la vez son lo mismo me parece entonces refugiémonos en el acto creativo es lo que les digo es lo que les dejo no sé qué les parece otro día lo charlamos por ahora lo dejamos acá que se me hace tarde les mando un beso nos vemos pronto posta que no se corte chau felicidades

Reynols
Blank Tapes
Trente Oiseaux, 1999
320 kbps. | 106 MB aprox.

Dejar no es lo mismo que abandonar, abandonar se abandonan las causas perdidas, aquellas por las que ya no tiene sentido luchar porque se siente que todo apunta al mismo final, al barco hundiéndose en la intensa tormenta de la existencia, en la vorágine del maremoto de lo que pasa todos los días, en la inevitable destrucción, en la caída de todo lo conocido, en la desaparición de aquello por lo que tantas veces uno quiso pero ya no pudo pelear y yo no abandono, nadie abandona acá, acá lo que se hace es terminar con una especie de misión una misión pequeña, sí, pero significativa, significativa únicamente para mí aunque ustedes que a veces están del otro lado a veces no pero eso realmente no importa porque significativa es especialmente para mí que la emprendo como se emprende lo que se sabe que es una causa perdida pero se intenta siempre con la utopía por delante siempre el corazón en el ojal siempre el intento de hacer lo mejor posible porque si no hacemos lo mejor posible decime vos qué carajo estamos haciendo acá si no estamos acá para pelearnos contra todos los molinos contra todos los males de este mundo como decía el Flaco yo no sé para qué seguimos acá y por ahí esta definición que les estoy tirando les resulte megalómana por ahí muchas de las cosas que se han dicho o mejor escrito por acá les hayan resultado megalómanas ególatras insensatas egocéntricas o tal vez simplemente estúpidas pero no importa porque fueron dichas igual y como no fueron dichas para ustedes sino para mí lo único que puede esperarse del otro lado cuando hay otro lado que es algo que usualmente no importa porque lo que importa es hacer es que lo entiendan de alguna de una de cualquiera de las maneras eso es lo que uno espera una conexión un contagio cualquiera sea bienvenido sea si me odian también bienvenido sea si jamás ni por un segundo se dedicaron a leer ninguna de las palabras que aquí aparecen y simplemente clickeaban en la tapa de los discos para tener música en sus casas porque eso eso es lo que importa y siempre importó la música la música nada más esto que escribo es un complemento es algo es nada es para mí no es para ustedes nunca fue para ustedes pero la música sí la música claro también es para mí porque si no miren el título del blog qué egocéntrico qué autofelado dijeron alguna vez por ahí qué creativos para el insulto imaginate hay gente que se gasta un segundo de su vida en pensar un insulto que describa lo que hago acá no es una locura es una locura efectivamente todo esto es una locura por supuesto que no estoy hablando de esto en un sentido tan abarcativo como esto la existencia es muy tarde ya para hablar de eso en un marco tan filosófico dicho en cristiano estamos jodidos hermano para qué carajo vamos a hablar de eso sino de esto chiquito humilde pequeño insensato sí utópico también que alguna vez se me ocurrió nacido del aburrimiento del estancamiento de la rutina del statu quo de la atrofia del estadio quedo en el que estaba mi vida y dije vamos a ponerle un poco de música al asunto después se terminó convirtiendo en una linda actividad y progresivamente en una misión y hasta un sacerdocio las horas perdidas los discos caídos los textos que no tenía ganas de escribir la vida misma pasándome por el costado pero también pasando por acá porque en la medida en que fui escribiendo me fui descubriendo me fui entendiendo bueno eso último es mentira nadie se entiende nunca en realidad lo máximo a lo que podemos apelar es a convivir con esto que somos pero ustedes comprenden a lo que voy uno se vuelca acá sí pelotudo entre tanta maraña de palabras que no te animaste a leer había un tipo contándote lo que sentía viste lo que se aprende si se dedica un segundo a algo más que hacerse la paja pero bueno capaz no importa eso tampoco porque a quién carajo le interesa conocer a una persona más a una persona que escribe tan insufriblemente extenso y tan enrevesado y tan creído y tan ególatra y tan autorreferencial que a veces dan ganas de matarlo a veces hasta a mí me dan ganas de matarme pero ustedes no saben que esto que escribo acá lo escupo, lo vomito para ponerle una palabra sin vuelo poético alguna incluso un poco asquerosa con el perdón de las damas pero es así esto sale en marejadas en torrentes inspirado quién sabe por qué motivado sin duda alguna por la gimnasia de tanto tiempo sentado frente a un teclado y sin querer caer en la misma de esta banda que salió de tal lado que toca tal música que este es su disco tanto eso se lo dejo a wikipedia y a ustedes que lo van a descubrir por ustedes mismos si bien yo les tiro algunos datos porque siempre es divertido jamás quise funcionar como una guía de escucha jamás les dije es por acá bueno algunas veces tal vez sí pero la mayor parte todas las partes del descubrimiento de la experiencia del abrirse al sentimiento y todas esas maneras que tengo de decir lo mismo lo logran ustedes escuchando eso es lo que quiero decir siempre escuchen no sean boludos escúchenlo todo aunque más no sea para ver qué va a pasar después total qué tenés que perder y no sabés cuánto tenés por ganar es un montón lo que se aprende cuando solamente te dedicás a saber qué sentís cuando escuchás música sin necesidad de acumularla ni rankearla ni organizarla de una manera determinada la única organización posible es la caprichosa no la de quique wolff la del capricho la de las cosas hechas por hacerlas en sí porque ganas porque pintó porque qué más da qué más da que me llamen el bala perdida pongan el tachado ustedes como esto esto siempre fue un capricho mío un antojo un y buéh qué otra cosa queda y ahí está era una joda y quedó bah nunca fue una joda o tal vez sí una joda a mí mismo como ponerle la traba a alguien para que se de cuenta por donde camina para que se despierte espabile y haga cosas se mande para adelante o para donde pinte en realidad siempre para adelante siempre decidido siempre con la idea siempre fija de que el único camino para salir es aprender aprender a entrar aprender a moverte aprender a aprender aprender a escuchar aprender escuchando aprender de las experiencias nunca dejar de aprender nunca creer que somos mejores que la vida que tenemos una página más que el libro que ya tenemos todo lo que queremos tener y no hay nada más que queramos experimentar si es así pegate un tiro hermano qué querés que te diga total para qué más vas a vivir yo estoy acá y sé que no voy a estar por mucho tiempo y entonces yo sigo viendo siempre qué onda experimentando aprendiendo pegándome la sabiola contra la pared o no pero siempre adelante hago cosas me salen me salen mal algunas no sé cómo me salieron pero igual las hice y trato siempre de dejar algo dejar algo para quién bueno creo que ya lo dije dejar algo para mí dejar algo para nadie más que para uno mismo para poder pararse en la punta misma de ese figurado camino y decir la puta hice algo qué pequeño qué poquito pero mirá yo hice esto porque estaba aburrido y ustedes le dieron sentido aunque en realidad tenía siempre tuvo sentido sólo para mí pero por lo menos algunos de ustedes sabían que siempre estaba esto esto que no es ni más ni menos que un blog de discos pero en realidad sí es más que un blog de discos por estos desvaríos que la verdad yo nunca puse acá para que ustedes leyeran o tal vez sí pero nunca con la real intención de forzarlos u obligarlos a nada no importa hagan lo que quieran en el momento en que las cosas están en el aire esas cosas son más suyas que mías nunca fueron mías para comenzar así que para qué reclamar posesión sobre lo que nunca se tuvo lo único que tengo son recuerdos y sentimientos y eso es lo que vuelco acá por qué porque tengo que repetirlo pintó y me parece mucho más fructífero que en una era tan automatizada tan estupidizada tan desprovista de todo atisbo de sentimiento donde todos somos cínicos todos somos irónicos todos somos el vivo el guapo el copado el canchero de la cuadra atrás del monitor riéndonos solos de un chiste que nosotros mismos hicimos y del que mañana nadie se va a acordar decía antes de empezar a divagar como acostumbro me parece mucho más interesante en una época donde parece que sentir cosas es de ingenuo de estúpido de soñador de utópico decir sí yo soy todas esas cosas pero por lo menos trato todos los días de no ser un pelotudo en vez de sentirme el mejor simplemente me siento literalmente y siento figurativamente siento lo que escribo siento eso acerca de lo que escribo siento este espacio como mío siento su acervo también como propio siento que va a quedar dando vueltas en ese interminable e indefinible espacio que llamamos justamente ciberespacio y eso me hace sentir bien y espero que a ustedes también no hay que estar triste porque acá no hay un abandono como decía al empezar a escribir todo esto por el contrario acá hay una misión cumplida y si tienen ganas de llorarme no les voy a decir la frase de miguel aunque debería si tienen ganas de llorarme recuerden que en un tiempito más bien corto se van a olvidar de todo esto porque la tristeza pasa lo que queda amigos me encantó siempre llamarlos amigos aunque seguramente no sería amigo de muchos de ustedes nunca jamás en la puta vida pero lo que nos hace amigos es justamente todo esto que compartimos acá ese fogón que calienta pero no quema y que son los discos lo que queda es la obra lo que uno decide y lo que uno hace con lo que uno decide aquello de lo que uno se hace cargo y dice lo voy a llevar hasta las consecuencias no las últimas porque a veces no hay últimas consecuencias lo voy a llevar hasta donde pueda hasta donde quiera hasta donde deba pero a algún lado lo voy a llevar me voy a armar sobre todo de constancia porque eso es lo que importa créanme más allá de la entrega que no se negocia la constancia es lo más difícil de todo es incordiosa es fastidiosa es molesta es pedigüeña es absorbente y posesiva y con esa herramienta incordiosafastidiosamolesta ustedes entendieron con esa herramienta voy a hacer algo lo que sea no sé construite una repisa con las instrucciones del paquete pintate un cuadro aunque sea feo hacé algo algo que sea significativo para vos porque si es significativo para vos es porque pusiste pasión pusiste energía pusiste el momento ese que los budistas llaman satori lo zen el descubrimiento todo tu rango vital dedicado exclusivamente a eso eso que estás haciendo y nada más importa abstraído del mundo y sobre todo no importa porque realmente no importa ni siquiera eso que estás haciendo porque lo estás haciendo para vos por hacer y decime vos si ese no es un desprendimiento si hablando de budismo justamente no es ese el desprenderse fundamental la idea de que uno no hace cosas porque necesita que esas cosas generen algo uno hace cosas porque uno necesita hacerlas y si generan buenísimo pero si no generan que es lo más probable siempre estarán ahí y algún día generarán algo aunque más no sea su permanencia o la nostalgia noble de saber que igualmente por un momento uno canalizó todo lo expió todo lo superó todo a través de ese único acto o de esa serie de actos en los que demostró constancia misión búsqueda del camino energía pura puesta adelante siempre para ver qué onda o para no ver nada para hacer hacer simplemente no ser una ameba no ser un organismo unicelular que desaparece y ni sus desechos deja yo por ahora dejo esto mañana no sé ustedes manéjenlo y si los pone triste que esto no esté más pónganse a hacer cosas ustedes carajo que si quisiera dejar alguna lección mirá ahora se va a poner en pontificio aleccionador lo único que le faltaba al pelotudo es que este lugar fue un manifiesto para y por el hacer para y por el placer de lo que uno puede hasta donde puede llevarlo y divertirse con eso y manipularlo y que no importe el otro lado el otro lado tampoco existe no te vayas a creer que siempre que te tirás un pedo hay alguien que va a decir che qué feo olor no te creas tan importante en el devenir del universo por eso mismo justamente es que tenés que crear porque crear es el único acto de fe bueno con la excepción quizás del amor pero ese es otro quilombo en el que no pienso meterme que importa es lo único que se puede hacer para combatir el vacío y acá sí me pongo existencial porque el vacío siempre está y uno lo que hace es atosigarlo de cosas cosas y más cosas pero no seas pelotudo guardá esa tarjeta de crédito o mejor usala para comprarte un anotador un atril una guitarra unos pinceles algo algo con que crear algo con que salvaguardar todo el campo de tus emociones no tenés que ponerlas tan claritas como yo eh kamikazes somos algunos la mayoría son inteligentes pero las ponés igual las ponés en juego en ese único momento ese momento que no tiene forma no tiene tiempo por supuesto que dura dura un momento justamente y cuando terminaste te das cuenta que saliste con algo que no importa si es lindo feo si vende si es marketineable si se lo podemos encajar a alguien en una promoción si haciéndolo podés pegar un laburo si le va a importar a alguien porque ahí está y eso es todo lo que realmente va a trascender el hecho de que está ahí existe dentro de los márgenes que tenemos puestos para la existencia que son bastante estrechos por esto de que nada es realmente trascendente bueno eso el acto creativo es lo que más se le parece a ser trascendente para alguien para quién para uno quién más importa a veces hay que ocuparse de uno mismo carajo sin que te tilden de ególatra sin que te tilden de egocéntrico de egoísta de todas esas palabras que comienzan con la palabra ego porque nada tiene que ver esto con el ego no seas pelotudo querés esto tiene que ver justamente con lo contrario y si no lo entendiste francamente no veo cómo es mi problema pero dejame explicártelo cuando uno hace porque quiere hacer cuando uno comparte porque quiere compartir cuando uno aprende que lo que tiene que hacer no es esperar nada a cambio sino seguir viviendo sabiendo que el cambio es en uno mismo ahí es donde se desprende de ese ego que tan despectivamente largás y lo largás porque no sabés hacer otra cosa porque no te sometiste a ese mismo proceso a la supresión no del yo sino de la expectativa de que a toda acción le sobreviene una reacción práctica una finalidad hay cosas que no tienen finalidad pero sí final de eso no me van a convencer no se hagan los vivos hay cosas que son hay cosas que uno hace hay cosas que le importan sólo a uno y esas son las cosas más importantes porque son las que te ayudan a vivir todos los días a mí me importa la música no sé a vos y como me importa la música un día me puse a escribir de música y de escribir de música salió todo esto que no sé muy bien cómo calificarlo capaz esa tarea les queda a ustedes los que durante tanto tiempo me bancaron la pelusa de estos textos interminables que parecen palabrerío inconducente posiblemente en muchos casos lo sean pero en otros han servido han servido de un montón de maneras que ustedes claro no tienen por qué saber pero supongo que de alguna manera se les ocurre se les dibuja en su mente la imagen de un tipo sin más que hacer que escribir esto porque le pinta porque le gusta porque le sirve y diciendo esta es mi obra este es mi legado es pequeño no le importa a nadie pero me importa a mí me estoy repitiendo mucho nocierto bueno se la bancan que esto ya se termina y se termina no porque me haya aburrido no porque me haya cansado sino porque siento que mi trabajo aquí ya está hecho cambio de guardia cambio y fuera hagan ustedes creen diviértanse generen cosas no dejen de hacer porque el día que dejan de crear es el día que se mueren por dentro creen algo creen lo que sea creen una comida creen algo que no sea cinismo y fina ironía como observación de mundo en una red social creen una opinión pero piénsenla no la lean ni siquiera la escriban háganla para ustedes y cuando estén listos esa visión de mundo esa idiosincrasia esa cosmogonía se traducirá solita ella misma en las obras que le quieran dejar al mundo o a ustedes que para el caso es lo mismo porque su mundo cuando crean son ustedes mismos son su único público y aún si ese público dice que lo que crearon es una mierda tampoco le crean tampoco le crean si les dicen que es magnánimo brillante esplendoroso porque tampoco es verdad ustedes sigan creando y cuando algo siquiera se acerque a eso lo sentirán créanme sabrán que han hecho algo que vale la pena por sí mismo solamente por haber existido por estar por dirimir en pocos movimientos a veces en muchos como en muchas palabras como acá todo lo que es la existencia las voces que le hablan a uno desde los años que no ha vivido las emociones los sentimientos las opiniones los recuerdos las vivencias los odios también por qué no las ideas que tenemos del mundo de nuestra misión personal y de nuestra función en ese gran esquema que es la existencia misma a veces esto último no lo entendemos pero por eso mismo tenemos que refugiarnos en la intensidad del acto creativo el ajeno primero y luego el propio el nuestro el que nos hará sentir al menos por un momento que no todo es una mierda que al menos estamos haciendo algo que no es poco vos fijate cuánto boludo suelto y uno también boludo también suelto pero creando creando cosas que serán una mierda pero serán estarán permanecerán o al menos eso nos engañamos creyendo y está muy bien porque nada permanece realmente como dije más arriba nada existe pero lo que existe y está lo que vemos y palpamos nos alcanza movámonos en los confines de ese corralito al que llamamos realidad y sobre todo hagamos algo para cambiarla cambiarla siempre porque nunca estamos conformes pero tampoco podemos quedarnos en el deseo porque el deseo amigos el deseo es para los impotentes uno no es impotente uno no desea uno busca uno hace uno intenta y a veces uno encuentra y aún si no encuentra y queda roto de buscar queda la búsqueda también como un aprendizaje si sos lo suficientemente vivo de darte cuenta que dedicaste toda tu fuerza a eso como una misión como una declaración de principios un sacerdocio también ese de siempre andar buscando buscando qué buscándose a uno qué va a ser a quién creés que buscás toda la vida te buscás a vos mismo no buscás a nadie más te acompañás quizás que no es lo mismo pero la búsqueda la búsqueda es por uno para saber qué carajo pasa quién carajo somos por qué carajo sentimos y todas esas preguntas que uno le haría a la deidad si a la deidad existiera b la deidad escuchara c a la deidad le importara que son tres cosas muy distintas entre sí pero a la vez son lo mismo me parece entonces refugiémonos en el acto creativo es lo que les digo es lo que les dejo no sé qué les parece otro día lo charlamos por ahora lo dejamos acá que se me hace tarde les mando un beso nos vemos pronto posta que no se corte chau felicidades


Spın̈al TapThis Is Spinal TapPolydor, 1984320 kbps. | 101 MB aprox.

Así es, amigos. Comienza a decidirse lo inexorable, empieza a terminarse la aventura que emprendimos juntos ustedes y nosotros hace algo más de dos años. Esta, queridos, es la última semana de actualizaciones de este espacio en un buen tiempo y, quién sabe, quizás sea la última de por sí. Es bueno partir desde esa incertidumbre, es interesante siempre dejar la puerta abierta al regreso de este espacio que durante su recorrido nos ha dado tantas alegrías y nos ha permitido crecer en la expresión más pura de nuestros recuerdos y sentimientos así como en la hermosa conexión que se establece entre las palabras y ustedes, sus improbables destinatarios, que se han prestado al compromiso que supone la lectura de todo cuanto se hace en estos lares con la convicción misma que detenta quien es el encargado de escribir estas largas parrafadas. Es este fenómeno, uno nunca previsto, el que ha alimentado durante largos momentos de zozobra e incertidumbre la pertinaz continuidad de este blog, las ansias de seguir y así construir una constancia que derrote a la típica inconstancia del ser humano, que se edifique en el reconocimiento de la peculiar dinámica existente aquí, la reconozca y la tome como uno de los alicientes fundamentales para seguir haciendo esto. También es increíble, si lo pensamos, esa traslación. Porque este espacio comenzó, lo denota su autorreferencial título, como una aventura individual, sin otro objeto que existir, con el único fin de combatir el aburrimiento y de compartir álbumes e historias con aquellos que quisieran apreciarlas; esto es, si es que aparecían, porque si no lo hacían tampoco importaba. No dependíamos de que mucha gente accediera a estas páginas y las recorriera, realmente no era el punto de énfasis. Se hacía hincapié, empero, en la recuperación del poder de los recuerdos y los sentimientos personales, aquellos que nos habían provisto de esta magnética relación con la música y que reaparecían toda vez que nos lanzábamos a publicarlos, motivados por la acción a ebullir, a saltar de nuestros corazones y mentes hacia lo tangible de los posts, hacia lo real de la escritura. Escribiéndolos, los expiábamos. Los revalorizábamos, los hacíamos crecer en magnitud, los resignificábamos y reparábamos en su importancia en nuestras vidas. Se trataba, sí, de un proceso de deconstrucción de nuestro propio inconsciente, de reconexión con nuestras emociones. Por eso lo que se escribía crecía en extensión, porque rápidamente el registro documental empezaba a dejar lugar a otro tipo de interpelación, una más emocional, más personal, que hablaba más de lo que sentíamos acerca de las músicas que de la historia detrás de ellas, si bien esto último nunca se perdió pues nos divierte hasta la médula, también, que lo compartido no sean sólo las canciones sino la vida que existe detrás de ella, su significancia y su devenir; porque la música también está viva, porque lleva dentro suyo las emociones de miles que nos han preexistido y también de quienes han sido sus autores. Desgranar eso era (es) el otro aspecto que intentábamos abordar, para lanzarnos en composiciones escritas que no fueran de ninguna manera pontificatorias, sino complementarias de la experiencia musical. No queríamos (nunca quisimos) decirles que sentir, queríamos que supieran que también se podía sentir y que eso estaba más que bien, que había que dejarse llevar y conectarse con lo más hondo de nosotros mismos, con eso que vive y late dentro nuestro y que muchas veces nos olvidamos de dejar salir. Con el tiempo, lenta pero paulatinamente, fueron apareciendo los primeros de ustedes, que agradecían lo que aquí se hacía. Luego comenzaron a conectarse más profundamente con la propuesta, a comprender que esto efectivamente era mucho más que un blog de música. Nunca hicimos nada para que este fenómeno aconteciera, nunca intentamos publicitarnos ni nos movimos bajo la suposición de que habría gente del otro lado esperando algo de nosotros. Por eso nos sorprende tanto lo que hemos generado, por eso estamos mucho más agradecidos nosotros de lo que ustedes jamás podrán estarlo. Porque a través de su energía, la que nunca habíamos esperado que estuviera en juego pero que ustedes mismos ponían en la palestra, es que muchas veces hemos alimentado nuestra inestable carga energética y nos hemos convencido de que valía la pena seguir para entonces encontrarnos con que no sólo era significativo por quienes estaban del otro lado sino también para nosotros por esa expiación, por esa conexión, por ese nuevo significado que empezaban a cobrar nuestras vidas sacudidas por los recuerdos y las emociones que poníamos aquí dejándonos en carne viva, volátiles de sinceridad, buscadores de lo real. Pensando en todas estas cosas, amigos, es que reflexionamos y decimos que es imposible estar triste por este desenlace, ya sea permanente o temporal. Miren nomás todo lo que hemos generado sin quererlo. Miren nomás la energía contagiada que se traducirá en vida nueva de las maneras más variopintas, de los modos más exóticos pero siempre con la mira puesta en hacer, en seguir adelante, en conectarnos con nosotros mismos y volcar toda esa emotividad en acción, ponerla en juego, llenarnos de nosotros para entendernos y poder crecer. Y vaya si hemos crecido, amigos. Dos años de hacer esto todas las semanas nos han mostrado que crecer es reinventarse, repensarse, reflexionar, no dejar de sentir nunca y, por sobre todo, no dejar de experimentar todo lo que pueda experimentarse, estar abierto a la vida pues es la vida lo único que tenemos. Escaparle a los prejuicios, no dejarnos vencer por nuestros preconceptos, ser libres y soberanos de nuestras propias emociones y hacer que estas sean lo más puras que sea posible, lo más desatadas, lo más auténticas. Claro que esto no es fácil, querido. Pero aquí está nuestro humilde aunque decidido aporte a la causa: dos años, quinientas publicaciones -próximamente- que son álbumes que nos salvaron la vida y que nos hacen sentir todas estas cosas que volcamos en interminables textos que quizás, alguna vez, alguien leerá y en los que se encontrará identificado, se sentirá representado. Esto quizás no pase hoy. Posiblemente, tampoco pase mañana. Pero nos alcanza con saber que todo esto queda aquí, esperando a cualquiera que quiera alimentarse de ello en cualquier momento. Es nuestro modesto legado, aquello que le dejamos a la posteridad cibernética, pues alguna vez -y para siempre- fue importante para nosotros y esperamos que lo sea para todo aquel que así lo desee. Aquí está lo que hicimos, lo que quisimos dejar, todos esos discos, historias y sentimientos puestos en un solo lugar al que alimentamos durante un buen tiempo de vida, a través de todas las vicisitudes, todas las vivencias, todos los inconvenientes, todas las estaciones, todos los climas y todos los estados de ánimo. Porque lo único que importa, al fin y al cabo, no es tanto lo que se siente sino lo que se hace, lo que uno es. Los problemas pasan, se solucionan. El legado queda, y por eso debemos propender a dejarle algo, por más mínimo que sea, a alguien a quien posiblemente nunca conoceremos; pero será esa única persona la que dará sentido a todo lo que hayamos hecho, por más que nunca lo sepamos. Y si eso no ocurre, ¿qué importa? Sólo basta con mirar atrás y saber cuánto se hizo para darle sentido.
Así que arranquemos la última semana, la que nos llevará hasta los 500 álbumes, la que le dará sentido a todo esto proveyéndole de un lindo hito que sirva de moño para el regalo que dejamos aquí para todo el que quiera alimentarse de él. Seguramente ustedes también se preguntaron (los que tienen tiempo para preguntarse estas cosas, claro está) cuáles serían los últimos tres álbumes de este espacio; de hecho, a varios se les ocurrió incluso preguntármelo a mí. Debo reconocer -sí, pasé por un ratito a la primera persona, se la bancan (?)- que yo tampoco sabía bien qué era lo que quería hacer para estos últimos días, pero también que rápidamente tuve la visión de cómo quería que fuese este desenlace: caprichoso, variado, desprejuiciado, inesperado, impredecible. Como siempre fue este blog, guiado por el antojo de compartir lo que se tuviera ganas de compartir en un momento determinado como única regla importante. Nunca tuvimos un plan o una agenda más allá de aquellas ocasiones en las que nos planteamos abrevar en un género, o en un momento determinado en el tiempo, y analizarlo en profundidad para tener una visión más completa de fenómenos que se nos antojaban de vital importancia en la historia de la música popular. Aquellos emprendimentos sí, claro, eran temáticos y estaban organizados en torno a una idea. El resto del tiempo nos dedicamos a compartir álbumes que nos gustaban y nos resultaban particularmente significativos y poco más, es decir, era ese el criterio que nos guiaba. Por supuesto que había una idea que era la de hablar de la mayor cantidad de vertientes de la música popular contemporánea que se pudiera, pero eso era algo que nos planteábamos hacer de forma orgánica, sin forzar, de manera tal que la gran red que se conforma entre los contenidos aquí alojados sugiriera dicha inclinación en lugar de ponerla de manifiesto con nuestras acciones. Creemos haber logrado algo en tal sentido, pues una sola mirada a esta colección musical sugiere una variedad interesante y, por sobre todas las cosas, una renuncia total al prejuicio, que es algo que deleznamos y que consideramos mucho más que perjudicial para la vida cotidiana. Esto también queríamos demostrarlo con nuestras acciones, aunque nos vino más que bien ponerlo de manifiesto en ocasiones en las que nuestra elección fue, cómo decirlo, controversial para el oído -el cerebro, mejor dicho- cerrado, ese que no se le anima a la experiencia por considerar que su vida es mejor tal cual está y que cualquier cosa que desafíe al statu quo será perniciosa, dañina, peligrosa. Nada más lejos de la verdad que ese pensamiento, amigos, sobre todo en lo que tiene que ver con la experiencia musical, una de las más abremates, de las más didácticas, de la que más enseñanzas y sentimientos nos deja, metiéndose en el fárrago de nuestros recuerdos, construyendo significados, moviéndonos la vida en tantos sentidos como nos es posible mensurar si tenemos la mente lo suficientemente abierta. El descubrimiento es la savia vital de la existencia, sobre todo para los buscadores, y nosotros hemos construido aquí un espacio para aquellos que se dicen buscadores, para esos para los que lo nuevo no es necesariamente la novedad sino eso que los estremece realmente, que se les antoja como renovador, único. Tampoco hay que dejar de lado ni ir en desmedro de aquello que no es necesariamente novedoso, es decir, de eso que no hace mucha falta descubrir sino que es menester recordar para así conectarnos con lo que alguna vez -aquella primera vez, claro- sentimos, y que sabemos que es una sensación maravillosa, regeneradora, causal de nuevas sensibilidades. Este blog está hecho, esencialmente, de recuerdos, pero no evocados de una forma añorante ni nostálgica sino, como dijimos más arriba, resignificados, sujetos al cambio que es también uno de los ejes de la vida, pasados por el tamiz de las realidades que nos ha tocado vivir en los años transcurridos entre la primera vivencia y su memoria, años que son vida pero que sobre todo son experiencia. Hoy recordaremos un momento fundamental en la vida de cualquier persona que haya dedicado su tiempo a la experiencia musical, y lo haremos a través de un álbum que entra en la categorización de banda de sonido -que algunas veces transitamos aquí, saben ustedes- pero que a su vez es mucho, mucho más. Para decirlo de la manera más elocuente y directa posible: ¿quién no recuerda la primera vez que vio esa genialidad del cine que es This Is Spinal Tap? Si todavía no la vieron, amigos, les recomiendo que en vez de seguir leyendo estas palabras corran a hacerse de ella y sientan cómo les cambia la vida, porque lo que van a ver allí, lo que vimos allí, es posiblemente la más adecuada, denodada, ácida y genial parodia (y crítica a la vez, como es toda buena parodia) de la vida de la estrella de rock glamorosa venida en desgracia por el propio peso de sus excesos, sus excentricidades, sus egos desmedidos y sus ambiciones todavía más absurdas. Rob Reiner, en la piel del documentalista Marty Di Bergi, registra con su omnisciente y cruda cámara -que no presenta opinión, sólo muestra; tal es la dinámica de falso documental que propone This Is Spinal Tap- las desventuras de los Spın̈al Tap, un cuarteto compuesto por los (falsos) británicos David St. Hubbins, Nigel Tufnel, Derek Smalls y un interminable desfile de bateristas que encara una malogradísima gira por los Estados Unidos en promoción de su más reciente material Smell The Glove, controversial álbum de censurada portada con el que el grupo espera revivir su alicaída carrera. Contrario a lo que podría pensarse, This Is Spinal Tap es magnánima en su escape al humor escatológico y simplista que podría esperarse cuando se muestran las vicisitudes de un grupo de rock, encarnando como principal valor una sensibilidad profundamente humana que nos hace palpar como propias las pobrezas del grupo y sentir una extraña combinación de risa y pena por sus cada vez más extraños infortunios. Esta suerte de realismo mágico, esa autenticidad aumentada, es la que hace de este film quizás la epítome de las películas musicales, pues si bien está registrado en forma paródica y retrata a un grupo en teoría inexistente, dentro de su metraje se encuentran algunas de las situaciones más profundamente verídicas que puedan pensarse cuando se pone en juego la desgracia de un grupo otrora popular encerrado en sus propios clichés, dejando que sus fantasmas se los deglutan sin proponerse nada más que seguir adelante detrás de un ideal más que particular. El disco que hoy les ofrezco salió en el mismo 1984 de la película, utiliza el arte alternativo del disco ficticio Smell The Glove y contiene varias de las joyas de canciones que Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer (St. Hubbins, Tufnel y Smalls, respectivamente) compusieron para acompañar a las desopilantes situaciones del film. Se trata de un álbum sorprendentemente disfrutable, un complemento perfecto para la ya memorable peli que seguramente varios tienen ganas de volver a ver ya mismo.
Vayan a hacerlo, entonces.

Spın̈al Tap
This Is Spinal Tap
Polydor, 1984
320 kbps. | 101 MB aprox.

Así es, amigos. Comienza a decidirse lo inexorable, empieza a terminarse la aventura que emprendimos juntos ustedes y nosotros hace algo más de dos años. Esta, queridos, es la última semana de actualizaciones de este espacio en un buen tiempo y, quién sabe, quizás sea la última de por sí. Es bueno partir desde esa incertidumbre, es interesante siempre dejar la puerta abierta al regreso de este espacio que durante su recorrido nos ha dado tantas alegrías y nos ha permitido crecer en la expresión más pura de nuestros recuerdos y sentimientos así como en la hermosa conexión que se establece entre las palabras y ustedes, sus improbables destinatarios, que se han prestado al compromiso que supone la lectura de todo cuanto se hace en estos lares con la convicción misma que detenta quien es el encargado de escribir estas largas parrafadas. Es este fenómeno, uno nunca previsto, el que ha alimentado durante largos momentos de zozobra e incertidumbre la pertinaz continuidad de este blog, las ansias de seguir y así construir una constancia que derrote a la típica inconstancia del ser humano, que se edifique en el reconocimiento de la peculiar dinámica existente aquí, la reconozca y la tome como uno de los alicientes fundamentales para seguir haciendo esto. También es increíble, si lo pensamos, esa traslación. Porque este espacio comenzó, lo denota su autorreferencial título, como una aventura individual, sin otro objeto que existir, con el único fin de combatir el aburrimiento y de compartir álbumes e historias con aquellos que quisieran apreciarlas; esto es, si es que aparecían, porque si no lo hacían tampoco importaba. No dependíamos de que mucha gente accediera a estas páginas y las recorriera, realmente no era el punto de énfasis. Se hacía hincapié, empero, en la recuperación del poder de los recuerdos y los sentimientos personales, aquellos que nos habían provisto de esta magnética relación con la música y que reaparecían toda vez que nos lanzábamos a publicarlos, motivados por la acción a ebullir, a saltar de nuestros corazones y mentes hacia lo tangible de los posts, hacia lo real de la escritura. Escribiéndolos, los expiábamos. Los revalorizábamos, los hacíamos crecer en magnitud, los resignificábamos y reparábamos en su importancia en nuestras vidas. Se trataba, sí, de un proceso de deconstrucción de nuestro propio inconsciente, de reconexión con nuestras emociones. Por eso lo que se escribía crecía en extensión, porque rápidamente el registro documental empezaba a dejar lugar a otro tipo de interpelación, una más emocional, más personal, que hablaba más de lo que sentíamos acerca de las músicas que de la historia detrás de ellas, si bien esto último nunca se perdió pues nos divierte hasta la médula, también, que lo compartido no sean sólo las canciones sino la vida que existe detrás de ella, su significancia y su devenir; porque la música también está viva, porque lleva dentro suyo las emociones de miles que nos han preexistido y también de quienes han sido sus autores. Desgranar eso era (es) el otro aspecto que intentábamos abordar, para lanzarnos en composiciones escritas que no fueran de ninguna manera pontificatorias, sino complementarias de la experiencia musical. No queríamos (nunca quisimos) decirles que sentir, queríamos que supieran que también se podía sentir y que eso estaba más que bien, que había que dejarse llevar y conectarse con lo más hondo de nosotros mismos, con eso que vive y late dentro nuestro y que muchas veces nos olvidamos de dejar salir. Con el tiempo, lenta pero paulatinamente, fueron apareciendo los primeros de ustedes, que agradecían lo que aquí se hacía. Luego comenzaron a conectarse más profundamente con la propuesta, a comprender que esto efectivamente era mucho más que un blog de música. Nunca hicimos nada para que este fenómeno aconteciera, nunca intentamos publicitarnos ni nos movimos bajo la suposición de que habría gente del otro lado esperando algo de nosotros. Por eso nos sorprende tanto lo que hemos generado, por eso estamos mucho más agradecidos nosotros de lo que ustedes jamás podrán estarlo. Porque a través de su energía, la que nunca habíamos esperado que estuviera en juego pero que ustedes mismos ponían en la palestra, es que muchas veces hemos alimentado nuestra inestable carga energética y nos hemos convencido de que valía la pena seguir para entonces encontrarnos con que no sólo era significativo por quienes estaban del otro lado sino también para nosotros por esa expiación, por esa conexión, por ese nuevo significado que empezaban a cobrar nuestras vidas sacudidas por los recuerdos y las emociones que poníamos aquí dejándonos en carne viva, volátiles de sinceridad, buscadores de lo real. Pensando en todas estas cosas, amigos, es que reflexionamos y decimos que es imposible estar triste por este desenlace, ya sea permanente o temporal. Miren nomás todo lo que hemos generado sin quererlo. Miren nomás la energía contagiada que se traducirá en vida nueva de las maneras más variopintas, de los modos más exóticos pero siempre con la mira puesta en hacer, en seguir adelante, en conectarnos con nosotros mismos y volcar toda esa emotividad en acción, ponerla en juego, llenarnos de nosotros para entendernos y poder crecer. Y vaya si hemos crecido, amigos. Dos años de hacer esto todas las semanas nos han mostrado que crecer es reinventarse, repensarse, reflexionar, no dejar de sentir nunca y, por sobre todo, no dejar de experimentar todo lo que pueda experimentarse, estar abierto a la vida pues es la vida lo único que tenemos. Escaparle a los prejuicios, no dejarnos vencer por nuestros preconceptos, ser libres y soberanos de nuestras propias emociones y hacer que estas sean lo más puras que sea posible, lo más desatadas, lo más auténticas. Claro que esto no es fácil, querido. Pero aquí está nuestro humilde aunque decidido aporte a la causa: dos años, quinientas publicaciones -próximamente- que son álbumes que nos salvaron la vida y que nos hacen sentir todas estas cosas que volcamos en interminables textos que quizás, alguna vez, alguien leerá y en los que se encontrará identificado, se sentirá representado. Esto quizás no pase hoy. Posiblemente, tampoco pase mañana. Pero nos alcanza con saber que todo esto queda aquí, esperando a cualquiera que quiera alimentarse de ello en cualquier momento. Es nuestro modesto legado, aquello que le dejamos a la posteridad cibernética, pues alguna vez -y para siempre- fue importante para nosotros y esperamos que lo sea para todo aquel que así lo desee. Aquí está lo que hicimos, lo que quisimos dejar, todos esos discos, historias y sentimientos puestos en un solo lugar al que alimentamos durante un buen tiempo de vida, a través de todas las vicisitudes, todas las vivencias, todos los inconvenientes, todas las estaciones, todos los climas y todos los estados de ánimo. Porque lo único que importa, al fin y al cabo, no es tanto lo que se siente sino lo que se hace, lo que uno es. Los problemas pasan, se solucionan. El legado queda, y por eso debemos propender a dejarle algo, por más mínimo que sea, a alguien a quien posiblemente nunca conoceremos; pero será esa única persona la que dará sentido a todo lo que hayamos hecho, por más que nunca lo sepamos. Y si eso no ocurre, ¿qué importa? Sólo basta con mirar atrás y saber cuánto se hizo para darle sentido.

Así que arranquemos la última semana, la que nos llevará hasta los 500 álbumes, la que le dará sentido a todo esto proveyéndole de un lindo hito que sirva de moño para el regalo que dejamos aquí para todo el que quiera alimentarse de él. Seguramente ustedes también se preguntaron (los que tienen tiempo para preguntarse estas cosas, claro está) cuáles serían los últimos tres álbumes de este espacio; de hecho, a varios se les ocurrió incluso preguntármelo a mí. Debo reconocer -sí, pasé por un ratito a la primera persona, se la bancan (?)- que yo tampoco sabía bien qué era lo que quería hacer para estos últimos días, pero también que rápidamente tuve la visión de cómo quería que fuese este desenlace: caprichoso, variado, desprejuiciado, inesperado, impredecible. Como siempre fue este blog, guiado por el antojo de compartir lo que se tuviera ganas de compartir en un momento determinado como única regla importante. Nunca tuvimos un plan o una agenda más allá de aquellas ocasiones en las que nos planteamos abrevar en un género, o en un momento determinado en el tiempo, y analizarlo en profundidad para tener una visión más completa de fenómenos que se nos antojaban de vital importancia en la historia de la música popular. Aquellos emprendimentos sí, claro, eran temáticos y estaban organizados en torno a una idea. El resto del tiempo nos dedicamos a compartir álbumes que nos gustaban y nos resultaban particularmente significativos y poco más, es decir, era ese el criterio que nos guiaba. Por supuesto que había una idea que era la de hablar de la mayor cantidad de vertientes de la música popular contemporánea que se pudiera, pero eso era algo que nos planteábamos hacer de forma orgánica, sin forzar, de manera tal que la gran red que se conforma entre los contenidos aquí alojados sugiriera dicha inclinación en lugar de ponerla de manifiesto con nuestras acciones. Creemos haber logrado algo en tal sentido, pues una sola mirada a esta colección musical sugiere una variedad interesante y, por sobre todas las cosas, una renuncia total al prejuicio, que es algo que deleznamos y que consideramos mucho más que perjudicial para la vida cotidiana. Esto también queríamos demostrarlo con nuestras acciones, aunque nos vino más que bien ponerlo de manifiesto en ocasiones en las que nuestra elección fue, cómo decirlo, controversial para el oído -el cerebro, mejor dicho- cerrado, ese que no se le anima a la experiencia por considerar que su vida es mejor tal cual está y que cualquier cosa que desafíe al statu quo será perniciosa, dañina, peligrosa. Nada más lejos de la verdad que ese pensamiento, amigos, sobre todo en lo que tiene que ver con la experiencia musical, una de las más abremates, de las más didácticas, de la que más enseñanzas y sentimientos nos deja, metiéndose en el fárrago de nuestros recuerdos, construyendo significados, moviéndonos la vida en tantos sentidos como nos es posible mensurar si tenemos la mente lo suficientemente abierta. El descubrimiento es la savia vital de la existencia, sobre todo para los buscadores, y nosotros hemos construido aquí un espacio para aquellos que se dicen buscadores, para esos para los que lo nuevo no es necesariamente la novedad sino eso que los estremece realmente, que se les antoja como renovador, único. Tampoco hay que dejar de lado ni ir en desmedro de aquello que no es necesariamente novedoso, es decir, de eso que no hace mucha falta descubrir sino que es menester recordar para así conectarnos con lo que alguna vez -aquella primera vez, claro- sentimos, y que sabemos que es una sensación maravillosa, regeneradora, causal de nuevas sensibilidades. Este blog está hecho, esencialmente, de recuerdos, pero no evocados de una forma añorante ni nostálgica sino, como dijimos más arriba, resignificados, sujetos al cambio que es también uno de los ejes de la vida, pasados por el tamiz de las realidades que nos ha tocado vivir en los años transcurridos entre la primera vivencia y su memoria, años que son vida pero que sobre todo son experiencia. Hoy recordaremos un momento fundamental en la vida de cualquier persona que haya dedicado su tiempo a la experiencia musical, y lo haremos a través de un álbum que entra en la categorización de banda de sonido -que algunas veces transitamos aquí, saben ustedes- pero que a su vez es mucho, mucho más. Para decirlo de la manera más elocuente y directa posible: ¿quién no recuerda la primera vez que vio esa genialidad del cine que es This Is Spinal Tap? Si todavía no la vieron, amigos, les recomiendo que en vez de seguir leyendo estas palabras corran a hacerse de ella y sientan cómo les cambia la vida, porque lo que van a ver allí, lo que vimos allí, es posiblemente la más adecuada, denodada, ácida y genial parodia (y crítica a la vez, como es toda buena parodia) de la vida de la estrella de rock glamorosa venida en desgracia por el propio peso de sus excesos, sus excentricidades, sus egos desmedidos y sus ambiciones todavía más absurdas. Rob Reiner, en la piel del documentalista Marty Di Bergi, registra con su omnisciente y cruda cámara -que no presenta opinión, sólo muestra; tal es la dinámica de falso documental que propone This Is Spinal Tap- las desventuras de los Spın̈al Tap, un cuarteto compuesto por los (falsos) británicos David St. Hubbins, Nigel Tufnel, Derek Smalls y un interminable desfile de bateristas que encara una malogradísima gira por los Estados Unidos en promoción de su más reciente material Smell The Glove, controversial álbum de censurada portada con el que el grupo espera revivir su alicaída carrera. Contrario a lo que podría pensarse, This Is Spinal Tap es magnánima en su escape al humor escatológico y simplista que podría esperarse cuando se muestran las vicisitudes de un grupo de rock, encarnando como principal valor una sensibilidad profundamente humana que nos hace palpar como propias las pobrezas del grupo y sentir una extraña combinación de risa y pena por sus cada vez más extraños infortunios. Esta suerte de realismo mágico, esa autenticidad aumentada, es la que hace de este film quizás la epítome de las películas musicales, pues si bien está registrado en forma paródica y retrata a un grupo en teoría inexistente, dentro de su metraje se encuentran algunas de las situaciones más profundamente verídicas que puedan pensarse cuando se pone en juego la desgracia de un grupo otrora popular encerrado en sus propios clichés, dejando que sus fantasmas se los deglutan sin proponerse nada más que seguir adelante detrás de un ideal más que particular. El disco que hoy les ofrezco salió en el mismo 1984 de la película, utiliza el arte alternativo del disco ficticio Smell The Glove y contiene varias de las joyas de canciones que Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer (St. Hubbins, Tufnel y Smalls, respectivamente) compusieron para acompañar a las desopilantes situaciones del film. Se trata de un álbum sorprendentemente disfrutable, un complemento perfecto para la ya memorable peli que seguramente varios tienen ganas de volver a ver ya mismo.

Vayan a hacerlo, entonces.


The Tony Williams LifetimeEmergency!Polydor, 1969320 kbps. | 158 MB aprox.

Para seguir con el emotivo tour de despedida de este espacio, que les aseguramos no va a durar tanto como el de Los Chalchaleros (?), hoy iremos a por el regreso -y el definitivo homenaje, de paso- de uno de los géneros con los que más nos hemos entretenido, de los que más hemos visitado y de los que mejor cosecha hemos sacado de todos los que han aparecido en algún momento por aquí. Saben ustedes que en estas columnas se han recorrido una buena cantidad de estilos (iba a decir infinidad, pero eso no sería del todo cierto) ya que lo que nos rige, como siempre hemos dicho y no perderemos la oportunidad de recordar, es el capricho. Aquel principio rector tan amable y divertido hace que no tengamos que ceñirnos, en nuestra búsqueda, a convención alguna, esto es, que no tengamos que limitarnos en los géneros a los que recorremos. Bienvenida sea dicha iniciativa, porque la limitación en cualquier estamento de la vida es un valor profundamente negativo, devenido a su vez del prejuicio y de la subvaloración, muchas veces, de las propias capacidades. Por aquí siempre nos sentimos capacitados para discurrir sobre las más variadas temáticas, amigos, y eso ustedes lo saben y lo notan bastante. No es que esta habilidad estribe en que tenemos determinadas calificaciones, ciertas preparaciones o un bagaje de conocimientos particular, de todas maneras. Para nada, como también hemos mencionado por aquí más de una vez, lo que se escribe aquí lejos está de componer una pieza de erudición, un ensayo que se ufane de cierto sacrosanto acceso al pináculo de la información y el criterio. Muy por el contrario, si nos sentimos capacitados para hablar de lo que se nos cante es, justamente, porque hablamos de lo que se nos canta cuando se nos canta porque se nos canta. Hablamos (escribimos, sería más ajustado a la verdad decir) de música porque es lo único que sabemos hacer, y lo hacemos con pasión, con amor y con reverencia. Volcamos en este espacio nuestros sentimientos, más allá de los conocimientos que podamos compartir y que son usados nada más que para armar historias, no para pontificar ni mucho menos con fines didácticos. Simplemente, queridos, los saberes son un adicional que ayuda a componer la imagen mayor, que es la de un escrito hecho con sentimiento sobre un fenómeno como la obra musical, plétorica como es ella de los más variopintos sentimientos traducidos en formato canción, entre sus acordes, en medio de las notas, explotando con cada escucha, con cada contacto con el éter. Lo que aquí hay, entonces, no tiene nada que ver con el conocimiento. El conocimiento es apenas la puerta de acceso a un fenómeno mucho más importante como es el de la emoción humana, con la que sentimos un contacto dilecto con la música como una suerte de médium, una ayuda sobrenatural que nos lleva a conectarnos de inmediato y sin obstáculos de por medio con lo más basal de nuestra condición como seres que habitan esta pobre tierra. Por eso es, retomando la cuestión que dio entrada a esta publicación, que nos podemos dar el gusto de hablar casi de cualquier género, cualquier estilo. Porque las nociones de género y estilo son, justamente, devenidas del conocimiento, no de la emoción. Para quien se deja regir por la emoción y los sentimientos, no importa demasiado si un álbum es de tal o cual palo, parte de tal o cual lineamiento, se adscribe dentro de tal o cual juego de reglas. Por supuesto, ayuda tener estos saberes, pero ayuda como puerta de entrada a nuevos hallazgos potenciales, como recordatorio de que detrás de lo que está siempre pueden haber cosas nuevas igual de interesantes, igual de dignas de exploración, y que las etiquetas que le impone el mundo contemporáneo a la música como forma de estamentarla y estandarizarla sirven, apenas, para eso: para darnos una guía que nos diga por qué lado seguir, que nos enseñe sin enseñarnos acerca de las particularidades que hacen a uno de esos estilos ser distinto de otro, como una especie de ayudamemoria. Hay quienes toman los géneros demasiado en serio, por supuesto, y se enraizan en uno con la firme convicción de que es al pedo salir de la pupa y ver el exterior. Pobres de ellos, porque he allí el virus del conocimiento atacándoles el centro receptor de los sentimientos. ¿Cómo negarse a la cúspide de la creación humana? ¿Qué razones pueden tenerse para pensar que un estilo, una creación del hombre -y de un hombre bastante forro, si se me permite la procacidad (?)- pueda contener todo aquello que necesitamos como personas, todos los sentimientos, todas las sensaciones, todos los sentidos, todas las memorias? Sería una gran ilusión pensar que allá afuera existe un grupo cerrado de significantes, una construcción humana estandarizada y limitada, que a su vez pueda contener en su seno la plétora completa de las emociones humanas, despertarnos todo lo que pueda ser despertado, ayudarnos en todas las circunstancias. Pero no es así, amigos, huelga decirlo. Por eso no hay que negarse a la experiencia musical, y mucho menos por un prejuicio tan tonto como el género del que se está hablando. Ni siquiera habría que mirar los géneros, si lo pensamos bien, pero bueno, muchas veces por acá lo hacemos con esa intención orientativa que les decíamos y con la idea, también, de ir construyendo dentro de la enorme red interconectada que es el acervo de este blog una suerte de selección que funcione como puerta de entrada a los estilos y que estribe en el firme criterio caprichoso que nos rige y nos lleva a decirles que tales álbumes son los que más apreciamos dentro de un estilo determinado, aquellos que nos parecen fundamentales no sólo por su propio status de clásico (que algunos ya de por sí acarrean, como es el caso del álbum que les ofrecemos hoy) sino porque a su manera transportan en su esencia todo aquello que viene siendo necesario saber de una forma determinada de hacer las cosas: motivaciones, procesos compositivos, arreglos, en fin, el ethos de un género en particular. Uno de los casos en los que con más insistencia hemos entrado en esta suerte de selección es el de uno de los estilos que justamente despiertan mayor fanatismo entre sus adeptos, quienes usualmente se cierran a pensar que todo lo que de allí sale es lo que vale la pena sólo porque responde a una tradición determinada, porque se adscribe dentro de una idiosincrasia que ha ido variando en su impronta pero que es, quizás, la más cercana a la música sacra (o de cámara) de todas las que tenemos en la música popular contemporánea y justamente por eso es muchas veces abordada con excesiva seriedad. Por supuesto que acá nunca hemos hecho eso con el jazz sino por el contrario, lo hemos desacralizado, lo hemos entremezclado con casi cualquier cosa, lo hemos puesto al mismo nivel que todos los álbumes que aquí aparecen. Y así debería ser.
Porque el jazz puede ser muy bonito, puede ser muy elevado, puede contener altísimos octanajes teóricos y todos los criterios que ustedes quieran aplicarle para justificar ese acercamiento que pareciera que hay que hacer en puntillas, tratando de no alterar la sacra esencia de un género tan fascinante, pero adivinen qué: también es sólo música, es apenas un montón de acordes pegados unos con otros en pornográfica bacanal creativa (?). Como es apenas música, les contamos también, nos gusta al igual que nos puede gustar cualquiera de las expresiones contenidas entre las casi 500 publicaciones que hemos hecho en este espacio. Conocemos de su historia, sabemos de su legado, respetamos todos sus potenciales logros y sus hitos, pero tampoco nos importa demasiado a la hora del análisis. No somos de pormenorizar secciones, de desmenuzar estructuras y adjetivar excesivamente las performances individuales de los ejecutantes como se suele hacer en el palo del jazz, tampoco. Nunca fuimos así, discúlpennos, azotadnos (?). Acá lo que siempre hicimos fue tirar discos de jazz que nos gustaban y ponerles un marco teórico, explicar en qué lugar se halla lo que se compartía en tal momento en relación al cuadro mayor de la historia del jazz, un género fascinante sin lugar a dudas pero no por las razones que muchos creen sino por otras que tienen que ver mucho más con la variación pendular de su función social, con aquella inicial renuncia a ser una música secular y elitista para tratar de identificarse (y fusionarse, incluso exitosamente como veremos hoy) con los sonidos de la calle, con aquello que se deleznaba como popular y el posterior y paulatino regreso justamente a ese mismo sitial donde lo encontramos hoy, encumbrado, pinacular, haciendo todavía más importantes los esfuerzos de los muchos músicos jóvenes que -afortunadamente- van por el mismo camino que emprendimos en estas columnas y buscan desacralizar nuevamente ese detestable contenido aristocrático del que esta música tan bella parece no poder desprenderse nunca. Resulta increíble, lo sé, que un estilo inventado por los afroamericanos, posiblemente el grupo social más discriminado y maltratado de todos los que hayan habitado esta pobre tierra, se haya transformado con tanta decisión en un componente más digno de los estamentos más acomodaticios que de la gente del palo, pero ya ves, ya tenían que entrar los blanquitos a cagarlo todo (?). Así las cosas, fue el negocio del entretenimiento el que hizo que inicialmente el jazz fuese una música para amenizar tertulias de gente bien y es el negocio del entretenimiento el que hoy te lo pone en ese sitial tan detestable, el que anquilosa a los mismos aburridos e icónicos jazzmen de la actualidad mientras canibaliza a los de otrora haciéndonos pensar que todo, compilado mediante, puede ser música de cóctel. A ellos les digo, aprovechando esta publicación: buena suerte poniendo este disco en un cóctel, la puta que te parió (?). Porque afortunadamente hay espacios a los que no han podido llegar, y son justamente esos donde el jazz como conjunto se hartó de estar aislado, de propender a una evolución completamente paralela -y discordante a la vez- de la de la música popular y decidió meter las patas en la providencial fuente para ver qué onda con lo que hacían los roñosos esos que decían tocar algo que se llamaba rocanrol. Por supuesto que en el medio de todo este proceso aparece quien fuera quizás una de las figuras más controvertidas y díscolas de la historia del jazz, amén de uno de sus genios y referentes mayúsculos a partir de la variedad y calidad (aunque tiene más gaffes de lo que se piensa, su arrojo las justifica todas sin lugar a dudas) de sus muchas exploraciones. Hablamos, por supuesto, del enano maldito de Miles Davis, un tipo al que en los ‘60 se le empezó a prender la lamparita de que si se dialogaba más con el mundo del rock la iba a poner más iba a tener mejor falopa algo muy interesante podía pasar. Algo pasó, claro está. Hacia 1968, Miles empezó a experimentar con esas cosas, cómo se llaman, eso que parece un instrumento pero que se enchufa, ¡ah sí! Instrumentos eléctricos, qué innovación, mirá las cosas que hacen ahora (?). En Miles In The Sky, su primer disco de ese año -en el que también editaría el no menos importante Filles De Kilimanjaro- Davis le hace lugar al piano eléctrico de Herbie Hancock, a la guitarra de George Benson y al bajo de Ron Carter como un punto de entrada para nuevas exploraciones, para espacios y sonoridades aún no visitadas por el cerrado mundo del jazz. Tenía que ser él, por supuesto, el quijote que capitaneara semejante aventura, él que siempre bregó por romper los códigos y empezar códigos nuevos, él que se alimentaba de la innovación, la mutación y el cambio, él que no le temía al rechazo de ninguno de esos opinólogos estúpidos porque sabía que el tiempo haría que volviesen a besarle los pies. Pero no sería el único, y tampoco -al menos al principio, antes de esa pavadita llamada Bitches Brew- el más extremo de los creadores que abrevaran en esta variante. El paradigmático caso del muchacho cuya enfervorizada figura (?) ilustra esta publicación es un muy buen ejemplo de alguien que se incendia a lo bonzo en pos de una idea, que es un kamikaze de su ejecución llevándola al extremo y que recibe, por supuesto, palos y más palos, los cuales con el correr del tiempo se van transformando en arrepentimiento y lauros, esos que hubiese merecido desde un principio. El tipo se llama Tony Williams. Empezó tocando desde muy pibe y a los 17 se encontró en el segundo gran quinteto de Miles (!) con Hancock, Carter y Wayne Shorter; justamente la agrupación que grabó Miles In The Sky y Filles De Kilimanjaro. Esta experiencia, que lo moldeó y cambió para siempre, le duró hasta 1969. En ese año, con todo lo que había aprendido de Davis en la valija, decidió armar su propio grupo, un trío al que llamó como su debut solista: Lifetime. Completaban el terceto otros dos destacados alumni de Miles, el organista Larry Young y el guitarrista Mahavishnu John McLaughlin. Así es, sin bajo, tomá Jack White, quién te creés que sos (?). Su primer lanzamiento fue uno de los más arrojadizos que se le recuerde a la fusión jazzística de finales de los ‘60, este Emergency! que hoy les ofrecemos, elefantiásico álbum doble de más de 70 minutos en el que las fronteras entre jazz y rock parecen perderse para siempre, situación que por supuesto le valió a Williams el reproche de toda la comunidad jazzera que veía cómo este muchacho prostituía toda la esencia de lo que debía ser el jazz con una música intrigante, impactante, arriesgada y por sobre todas las cosas muy hermosamente deforme. Con el tiempo, esta fuente sería visitada hasta el letárgico y soporífero hartazgo que nos legó las aburridísimas bandas de fusión, pero es bueno saber que en sus comienzos esa palabrita hoy denostada (con total justicia) pudo hacer discos como este, tan extraños, anticlimáticos, impredecibles, inesperados.
Tal como siempre debería ser el jazz.

The Tony Williams Lifetime
Emergency!
Polydor, 1969
320 kbps. | 158 MB aprox.

Para seguir con el emotivo tour de despedida de este espacio, que les aseguramos no va a durar tanto como el de Los Chalchaleros (?), hoy iremos a por el regreso -y el definitivo homenaje, de paso- de uno de los géneros con los que más nos hemos entretenido, de los que más hemos visitado y de los que mejor cosecha hemos sacado de todos los que han aparecido en algún momento por aquí. Saben ustedes que en estas columnas se han recorrido una buena cantidad de estilos (iba a decir infinidad, pero eso no sería del todo cierto) ya que lo que nos rige, como siempre hemos dicho y no perderemos la oportunidad de recordar, es el capricho. Aquel principio rector tan amable y divertido hace que no tengamos que ceñirnos, en nuestra búsqueda, a convención alguna, esto es, que no tengamos que limitarnos en los géneros a los que recorremos. Bienvenida sea dicha iniciativa, porque la limitación en cualquier estamento de la vida es un valor profundamente negativo, devenido a su vez del prejuicio y de la subvaloración, muchas veces, de las propias capacidades. Por aquí siempre nos sentimos capacitados para discurrir sobre las más variadas temáticas, amigos, y eso ustedes lo saben y lo notan bastante. No es que esta habilidad estribe en que tenemos determinadas calificaciones, ciertas preparaciones o un bagaje de conocimientos particular, de todas maneras. Para nada, como también hemos mencionado por aquí más de una vez, lo que se escribe aquí lejos está de componer una pieza de erudición, un ensayo que se ufane de cierto sacrosanto acceso al pináculo de la información y el criterio. Muy por el contrario, si nos sentimos capacitados para hablar de lo que se nos cante es, justamente, porque hablamos de lo que se nos canta cuando se nos canta porque se nos canta. Hablamos (escribimos, sería más ajustado a la verdad decir) de música porque es lo único que sabemos hacer, y lo hacemos con pasión, con amor y con reverencia. Volcamos en este espacio nuestros sentimientos, más allá de los conocimientos que podamos compartir y que son usados nada más que para armar historias, no para pontificar ni mucho menos con fines didácticos. Simplemente, queridos, los saberes son un adicional que ayuda a componer la imagen mayor, que es la de un escrito hecho con sentimiento sobre un fenómeno como la obra musical, plétorica como es ella de los más variopintos sentimientos traducidos en formato canción, entre sus acordes, en medio de las notas, explotando con cada escucha, con cada contacto con el éter. Lo que aquí hay, entonces, no tiene nada que ver con el conocimiento. El conocimiento es apenas la puerta de acceso a un fenómeno mucho más importante como es el de la emoción humana, con la que sentimos un contacto dilecto con la música como una suerte de médium, una ayuda sobrenatural que nos lleva a conectarnos de inmediato y sin obstáculos de por medio con lo más basal de nuestra condición como seres que habitan esta pobre tierra. Por eso es, retomando la cuestión que dio entrada a esta publicación, que nos podemos dar el gusto de hablar casi de cualquier género, cualquier estilo. Porque las nociones de género y estilo son, justamente, devenidas del conocimiento, no de la emoción. Para quien se deja regir por la emoción y los sentimientos, no importa demasiado si un álbum es de tal o cual palo, parte de tal o cual lineamiento, se adscribe dentro de tal o cual juego de reglas. Por supuesto, ayuda tener estos saberes, pero ayuda como puerta de entrada a nuevos hallazgos potenciales, como recordatorio de que detrás de lo que está siempre pueden haber cosas nuevas igual de interesantes, igual de dignas de exploración, y que las etiquetas que le impone el mundo contemporáneo a la música como forma de estamentarla y estandarizarla sirven, apenas, para eso: para darnos una guía que nos diga por qué lado seguir, que nos enseñe sin enseñarnos acerca de las particularidades que hacen a uno de esos estilos ser distinto de otro, como una especie de ayudamemoria. Hay quienes toman los géneros demasiado en serio, por supuesto, y se enraizan en uno con la firme convicción de que es al pedo salir de la pupa y ver el exterior. Pobres de ellos, porque he allí el virus del conocimiento atacándoles el centro receptor de los sentimientos. ¿Cómo negarse a la cúspide de la creación humana? ¿Qué razones pueden tenerse para pensar que un estilo, una creación del hombre -y de un hombre bastante forro, si se me permite la procacidad (?)- pueda contener todo aquello que necesitamos como personas, todos los sentimientos, todas las sensaciones, todos los sentidos, todas las memorias? Sería una gran ilusión pensar que allá afuera existe un grupo cerrado de significantes, una construcción humana estandarizada y limitada, que a su vez pueda contener en su seno la plétora completa de las emociones humanas, despertarnos todo lo que pueda ser despertado, ayudarnos en todas las circunstancias. Pero no es así, amigos, huelga decirlo. Por eso no hay que negarse a la experiencia musical, y mucho menos por un prejuicio tan tonto como el género del que se está hablando. Ni siquiera habría que mirar los géneros, si lo pensamos bien, pero bueno, muchas veces por acá lo hacemos con esa intención orientativa que les decíamos y con la idea, también, de ir construyendo dentro de la enorme red interconectada que es el acervo de este blog una suerte de selección que funcione como puerta de entrada a los estilos y que estribe en el firme criterio caprichoso que nos rige y nos lleva a decirles que tales álbumes son los que más apreciamos dentro de un estilo determinado, aquellos que nos parecen fundamentales no sólo por su propio status de clásico (que algunos ya de por sí acarrean, como es el caso del álbum que les ofrecemos hoy) sino porque a su manera transportan en su esencia todo aquello que viene siendo necesario saber de una forma determinada de hacer las cosas: motivaciones, procesos compositivos, arreglos, en fin, el ethos de un género en particular. Uno de los casos en los que con más insistencia hemos entrado en esta suerte de selección es el de uno de los estilos que justamente despiertan mayor fanatismo entre sus adeptos, quienes usualmente se cierran a pensar que todo lo que de allí sale es lo que vale la pena sólo porque responde a una tradición determinada, porque se adscribe dentro de una idiosincrasia que ha ido variando en su impronta pero que es, quizás, la más cercana a la música sacra (o de cámara) de todas las que tenemos en la música popular contemporánea y justamente por eso es muchas veces abordada con excesiva seriedad. Por supuesto que acá nunca hemos hecho eso con el jazz sino por el contrario, lo hemos desacralizado, lo hemos entremezclado con casi cualquier cosa, lo hemos puesto al mismo nivel que todos los álbumes que aquí aparecen. Y así debería ser.

Porque el jazz puede ser muy bonito, puede ser muy elevado, puede contener altísimos octanajes teóricos y todos los criterios que ustedes quieran aplicarle para justificar ese acercamiento que pareciera que hay que hacer en puntillas, tratando de no alterar la sacra esencia de un género tan fascinante, pero adivinen qué: también es sólo música, es apenas un montón de acordes pegados unos con otros en pornográfica bacanal creativa (?). Como es apenas música, les contamos también, nos gusta al igual que nos puede gustar cualquiera de las expresiones contenidas entre las casi 500 publicaciones que hemos hecho en este espacio. Conocemos de su historia, sabemos de su legado, respetamos todos sus potenciales logros y sus hitos, pero tampoco nos importa demasiado a la hora del análisis. No somos de pormenorizar secciones, de desmenuzar estructuras y adjetivar excesivamente las performances individuales de los ejecutantes como se suele hacer en el palo del jazz, tampoco. Nunca fuimos así, discúlpennos, azotadnos (?). Acá lo que siempre hicimos fue tirar discos de jazz que nos gustaban y ponerles un marco teórico, explicar en qué lugar se halla lo que se compartía en tal momento en relación al cuadro mayor de la historia del jazz, un género fascinante sin lugar a dudas pero no por las razones que muchos creen sino por otras que tienen que ver mucho más con la variación pendular de su función social, con aquella inicial renuncia a ser una música secular y elitista para tratar de identificarse (y fusionarse, incluso exitosamente como veremos hoy) con los sonidos de la calle, con aquello que se deleznaba como popular y el posterior y paulatino regreso justamente a ese mismo sitial donde lo encontramos hoy, encumbrado, pinacular, haciendo todavía más importantes los esfuerzos de los muchos músicos jóvenes que -afortunadamente- van por el mismo camino que emprendimos en estas columnas y buscan desacralizar nuevamente ese detestable contenido aristocrático del que esta música tan bella parece no poder desprenderse nunca. Resulta increíble, lo sé, que un estilo inventado por los afroamericanos, posiblemente el grupo social más discriminado y maltratado de todos los que hayan habitado esta pobre tierra, se haya transformado con tanta decisión en un componente más digno de los estamentos más acomodaticios que de la gente del palo, pero ya ves, ya tenían que entrar los blanquitos a cagarlo todo (?). Así las cosas, fue el negocio del entretenimiento el que hizo que inicialmente el jazz fuese una música para amenizar tertulias de gente bien y es el negocio del entretenimiento el que hoy te lo pone en ese sitial tan detestable, el que anquilosa a los mismos aburridos e icónicos jazzmen de la actualidad mientras canibaliza a los de otrora haciéndonos pensar que todo, compilado mediante, puede ser música de cóctel. A ellos les digo, aprovechando esta publicación: buena suerte poniendo este disco en un cóctel, la puta que te parió (?). Porque afortunadamente hay espacios a los que no han podido llegar, y son justamente esos donde el jazz como conjunto se hartó de estar aislado, de propender a una evolución completamente paralela -y discordante a la vez- de la de la música popular y decidió meter las patas en la providencial fuente para ver qué onda con lo que hacían los roñosos esos que decían tocar algo que se llamaba rocanrol. Por supuesto que en el medio de todo este proceso aparece quien fuera quizás una de las figuras más controvertidas y díscolas de la historia del jazz, amén de uno de sus genios y referentes mayúsculos a partir de la variedad y calidad (aunque tiene más gaffes de lo que se piensa, su arrojo las justifica todas sin lugar a dudas) de sus muchas exploraciones. Hablamos, por supuesto, del enano maldito de Miles Davis, un tipo al que en los ‘60 se le empezó a prender la lamparita de que si se dialogaba más con el mundo del rock la iba a poner más iba a tener mejor falopa algo muy interesante podía pasar. Algo pasó, claro está. Hacia 1968, Miles empezó a experimentar con esas cosas, cómo se llaman, eso que parece un instrumento pero que se enchufa, ¡ah sí! Instrumentos eléctricos, qué innovación, mirá las cosas que hacen ahora (?). En Miles In The Sky, su primer disco de ese año -en el que también editaría el no menos importante Filles De Kilimanjaro- Davis le hace lugar al piano eléctrico de Herbie Hancock, a la guitarra de George Benson y al bajo de Ron Carter como un punto de entrada para nuevas exploraciones, para espacios y sonoridades aún no visitadas por el cerrado mundo del jazz. Tenía que ser él, por supuesto, el quijote que capitaneara semejante aventura, él que siempre bregó por romper los códigos y empezar códigos nuevos, él que se alimentaba de la innovación, la mutación y el cambio, él que no le temía al rechazo de ninguno de esos opinólogos estúpidos porque sabía que el tiempo haría que volviesen a besarle los pies. Pero no sería el único, y tampoco -al menos al principio, antes de esa pavadita llamada Bitches Brew- el más extremo de los creadores que abrevaran en esta variante. El paradigmático caso del muchacho cuya enfervorizada figura (?) ilustra esta publicación es un muy buen ejemplo de alguien que se incendia a lo bonzo en pos de una idea, que es un kamikaze de su ejecución llevándola al extremo y que recibe, por supuesto, palos y más palos, los cuales con el correr del tiempo se van transformando en arrepentimiento y lauros, esos que hubiese merecido desde un principio. El tipo se llama Tony Williams. Empezó tocando desde muy pibe y a los 17 se encontró en el segundo gran quinteto de Miles (!) con Hancock, Carter y Wayne Shorter; justamente la agrupación que grabó Miles In The Sky y Filles De Kilimanjaro. Esta experiencia, que lo moldeó y cambió para siempre, le duró hasta 1969. En ese año, con todo lo que había aprendido de Davis en la valija, decidió armar su propio grupo, un trío al que llamó como su debut solista: Lifetime. Completaban el terceto otros dos destacados alumni de Miles, el organista Larry Young y el guitarrista Mahavishnu John McLaughlin. Así es, sin bajo, tomá Jack White, quién te creés que sos (?). Su primer lanzamiento fue uno de los más arrojadizos que se le recuerde a la fusión jazzística de finales de los ‘60, este Emergency! que hoy les ofrecemos, elefantiásico álbum doble de más de 70 minutos en el que las fronteras entre jazz y rock parecen perderse para siempre, situación que por supuesto le valió a Williams el reproche de toda la comunidad jazzera que veía cómo este muchacho prostituía toda la esencia de lo que debía ser el jazz con una música intrigante, impactante, arriesgada y por sobre todas las cosas muy hermosamente deforme. Con el tiempo, esta fuente sería visitada hasta el letárgico y soporífero hartazgo que nos legó las aburridísimas bandas de fusión, pero es bueno saber que en sus comienzos esa palabrita hoy denostada (con total justicia) pudo hacer discos como este, tan extraños, anticlimáticos, impredecibles, inesperados.

Tal como siempre debería ser el jazz.


Rubén RadaRadecesAyuí, 1975320 kbps. | 75 MB aprox.

En la medida en que nos acercamos rauda y decididamente a aquel mojón que hemos decidido también marque un punto en nuestro recorrido, esas 500 publicaciones que son en realidad 500 discos y 500 historias que demarcan poco más de dos años de un profundo compromiso tanto con el hecho musical como con el compartir las emociones que este genera, sabemos que es hora de hacer de cada uno de los posts restantes una congregación de especial tenor, una manera de que la progresiva despedida se transforme en algo igual de significativo que el acervo que se deja, como una pequeña forma de darle relieve a los últimos días y así confirmar la necesidad también de atender a ese legado histórico que permanecerá en el ciberespacio para que allí lo descubran todos los que gusten de hacerlo y de conectarse de una manera muy particular con él, pues en la medida en que están aquí -ustedes, amigos que recorren este camino con nosotros, lo saben más que bien- crece el compromiso no sólo con la música que nos congrega sino también con las emociones que son expresadas a través de estas palabras no con el fin de ilustrar o erigirse en un sitial determinado sino simplemente de compartir, de contagiar todo eso que pasa cuando escuchamos una canción y decidimos que nos acompañará para siempre; decisión esta que nunca es consciente sino que sólo ocurre, nos avasalla, nos atraviesa sin que podamos hacer más que sucumbir a su irresistible poderío, uno que nos habla de la eternidad y la belleza que nos circundan rodeándonos y que sólo están esperando a que tengamos la deferencia (o la suerte) de tomarlas, de prestarles la atención que merecen y, así, ver que nuestra vida ha cambiado para siempre. Porque de las experiencias, de todas, se aprende; y el arte es en sí mismo una experiencia. En especial -como siempre decimos, sin ir en desmedro de las demás manifestaciones- el arte musical, tan relacionado como está tanto a los sentimientos de quienes se aventuran a practicarlo como a la sensación de inmediatez, de un momento en el tiempo que nunca podrá repetirse y quedará eternamente sólo en nuestras almas, apenas en nuestros corazones, siempre latente como un vívido recuerdo, una memoria de un segundo trascendental en nuestras existencias. Por eso es que hay que ponerse el corazón en la solapa cuando de música se habla, porque existe por y para evocar las emociones humanas en una forma melodiosa y contagiosa, magnética, irresistible, y por eso es que le rendimos pleitesía a tan particular fenómeno mediante estos escritos con los que acompañamos el compartir algunos de esos álbumes con los que alguna vez nos pasó esa atracción que viene de mucho antes que existiéramos, que se nos sugiere en el presente pero que en realidad ocurrió muchos años atrás, en nuestro distante e irreconocible pasado, uno que nunca vivimos pero que indudablemente aparece sugestivamente detrás de cada una de esas conexiones particulares que desarrollamos con las canciones que amamos. Esperamos haber impartido, sí, esa enseñanza. Por supuesto, saben ustedes que por aquí no se buscó nunca un impacto didáctico, más bien se habló por hablar, como corresponde (?). Pero a su vez, resulta imposible negar que existen algunos preceptos que nos ha gustado comunicar como para que ustedes de aquel lado y nosotros de este partamos de un terreno común, del mismo lugar, para que la identificación o el contagio (si los hubiere) ocurran de una forma más natural, para que nos comprometamos -de ambos lados, claro- con una idea, o con una serie de ideas que tiendan siempre a desarrollarnos como individuos, a crecer en nuestra propia sensibilidad. Eso es todo lo que intentamos hacer aquí, amigos: que nuestros sentimientos crezcan, que expiados aquí en estas parrafadas con tono de manifiesto se vuelvan todavía más eternos, ganen aún más peso que el que ya tienen como recuerdos, sean el reflejo de lo que puede pasar cuando nos rendimos ante fuerzas superiores, cuando dejamos que sean ellas las que nos conquisten y nos hagan apenas su vehículo, una forma más de manifestarse. ¿Si vamos a extrañar poder volcar todo lo que sentimos en un lugar como este? Por supuesto. La revelación no es un proceso deleznable, más bien lo contrario, se trata de un objetivo a perseguir. Cuando somos honestos respecto a lo que sentimos, cuando traemos a la mesa esos recuerdos para reinterpretarlos al calor de los años y las experiencias, cuando nos rendimos también a que sean esas mismas experiencias las que rijan todo lo que somos, cuando hacemos de nosotros mismos un permanente proyecto de mejora y crecimiento es que podemos decir que hemos conseguido hacer algo de esto que somos y que transita por el mundo. Este, queridos, es el legado que dejamos. Uno humilde, sencillo, pequeño, es cierto, pero un legado al fin. Algo que nos refleja, nos expresa, nos significa, es nuestro sinónimo. Por supuesto, no es algo eterno. Pero nada lo es, si lo pensamos bien, ni siquiera la vida humana, con lo que habría que contentarse con hacer lo que se puede y hacerlo apasionadamente, con honestidad, con la sinceridad que sólo pueden manejar los inconscientes, con la entrega de los kamikazes y con las ansias de los perpetuamente buscadores, esos que saben que la vida sigue siendo una experiencia tras otra y un aprendizaje tras otro. Por eso es que acá estamos por un último rato, celebrando todo lo que hicimos y, en el medio, ofreciéndoles algún que otro regalito que todavía teníamos guardado, alguna que otra sorpresa que viene a complementar bellamente el archivo que es a la vez el acervo y el legado que ha dejado y dejará este blog para el ciberespacio pero sobre todo para las personas que a través de este gusten de descubrirlo. Porque no hay que ponerse triste cuando uno se despide de algo en lo que ha puesto toda su pasión. Hay que celebrarlo. Hay que celebrar haber puesto y canalizado toda energía en un proyecto elefantiásico, utópico, humilde pero trascendental, irreemplazable. ¿Para quién? Pues para uno mismo, queridos, que nada más importa que encontrar algo que hacer en esta vida que nos saque de la mediocridad imperante. Lo que suceda después -por caso, que ustedes se hayan sentido lo suficientemente impactados por lo aquí hecho como para seguir nuestras peculiares aventuras- es un regalo de esa misma fuerza puesta a andar, un obsequio que indica el camino a seguir. Sucede que a veces, cuando uno ya ha ido bien lejos en ese camino, necesita detenerse ya no a descansar sino a apreciar la inmensidad y la belleza del paisaje, a aprender de todo lo hecho, a convertir toda esa epopeya en recuerdo, en memoria, a transformarla más que nunca en parte de uno. Y eso no es algo para estar triste, mis amigos. Por el contrario. Eso es algo para estar inmensamente feliz y para celebrar. Que así sea, entonces. Sigamos esta celebración, que nos queda poco tiempo pero también nos queda bastante por vivir.
El festejo, entonces, prosigue con la publicación de una de esas gemas que no por escondidas dejan de poseer un encanto absolutamente abismal, un atractivo universal y de transmitir el claro mensaje de una genialidad ebullente aplicada a la canción, que es algo que no muchos álbumes poseen. Generalmente, de hecho, los discos en los que un artista desarrolla su habilidad y su oficio con mayor prestancia y soltura, con avidez y calidad, suelen ser los primeros de su cosecha, esos donde está lleno de ideas y posee el ansia del buscador, esa que le permite ir a por ellas sin preocuparse por nada más que por la música que debe ser el resultado final de esas cavilaciones. Con el correr del tiempo, en especial en una carrera dilatada como lo es la del muchacho cuya africana figura (?) ilustra estas palabras, aquella genialidad va disolviéndose, siempre presente pero diseminada con mayor irregularidad a través del avieso devenir de los tiempos. Por eso uno se encuentra volviendo siempre a aquellos materiales en los que parece encontrarse todo lo que estos muchachos pueden encapsulado en una decena de canciones, como un testimonio vivo de una potencialidad que de desatarse posee el revolucionario poder del cambio, de la novedad que puede dar vuelta el curso de los acontecimientos, de un nombre que puede instalarse en el firmamento para ser una suerte de faro de esos que prefugian cosas nuevas todo el tiempo, de esos a los que siempre hay que andar mirando sólo para saber en qué andan. No siempre resulta tarea fácil, empero, emprender este forzoso retorno hacia las fuentes. En principio porque de tan lejanas, muchas veces, parecen estar sepultadas por las arenas del tiempo, desaparecidas hace largos años, olvidadas por la vorágine de los días que no deja nada a su paso. Ese es un difícil peso, amigos, porque muchas veces tantos años -y tan mal manejo editorial, pero ese es otro tema- hacen que sea más que complicado hacerse de aquellos sonidos que sabemos nos estremecerán, sonidos que parecen condenados a permanecer apenas como un recuerdo en el alma de los memoriosos pero que se resisten a salir a la superficie para conseguir nuevos amigos, nuevas conexiones, nuevos contagios. Como siempre, esto no es culpa de la música. Desde el momento en que ella se lanza al éter, ya es del aire, ya no es de nadie, y su subsistencia depende en gran parte de la memoria colectiva. De hecho, este ejercicio que emprendemos hoy en forma de publicación es una contribución a esa misma memoria colectiva, pues apunta a fortalecer el necesario recuerdo. El problema muchas veces es del mundo empresarial, de esa mano que todo lo mece y que todo lo castiga que ha decidido mover los hilos de una manera inconveniente para muchos y servil para pocos. Es la industria, con su naturaleza selectiva, la que ha hecho que la memoria sea cada vez más complicada, que aquello que queremos rememorar desaparezca, se vuelva inasequible si no es, justamente, como un mero recuerdo, como una fotocopia desgastada de la emoción primigenia del hecho musical. Por eso aparecemos por aquí, amigos, por eso estamos en esto también, por eso disfrutamos tanto de poder encarar la misión de este espacio: porque podemos dar por tierra la hipótesis de que aquello inasequible no es digno de ser buscado, que el esfuerzo de hallarlo no contempla recompensa alguna, que si está olvidado pues allí debe quedarse. Huelgan las razones para estar en contra del olvido, queridos, sobre todo en lo que a música se refiere. El universo de la música popular contemporánea es amplísimo, sí, pero no por ello debemos suponer que existen porciones suyas que deben ser borradas del inconsciente colectivo por siempre habida cuenta de su nulo impacto en la actualidad. Porque si el recuerdo de un álbum como el que hoy les presentamos perduró fue precisamente porque se convirtió en influencia, se volvió contagio, se inoculó en la mentalidad de la época como un camino a seguir maravillando a más de uno y ganándose un pequeño lugar en el cofre de los recuerdos de los muchos que se vieron impactados por su original impronta. Es este fenómeno, el del contagio que tanto pregonamos, el que facilitó también su supervivencia a lo largo de los años, en un estado latente aunque no explosivo, como un secreto a voces, un placer de pocos que se desearía compartir con muchos pero no se puede. Pues aquí estamos nosotros haciendo que se pueda, amigos, compartiendo con ustedes una de esas joyas que la posmodernidad con su eterno devenir cree que tal vez haya hecho bien en olvidar. Obviamente no, amigos, y ustedes tampoco deberían. De hecho, deberían tomar este álbum y contagiarlo también, darle una nueva vida, un renovado aire que confirme que estamos no ante una colección de canciones sino ante una obra que puede proyectarse a la posteridad, cuya potencia no disminuye por más que pasen los años y se acrecienten los olvidos. Porque para eso, también, estamos acá. Para compartir música, y los sentimientos que la música genera en nosotros. Por eso les pedimos siempre que la rueda no se detenga aquí, que siga adelante, que esto que hacemos pueda seguir generando algo nuevo, llenando de emociones uno de los procesos más bellos del ser humano como es su contacto con el hecho artístico. Así que hoy les ofrecemos una joyita de nuestro cofre (?) en la forma de un álbum que nosotros también habíamos estado buscando durante mucho tiempo, y con el que por fortuna pudimos dar antes de terminar esta aventura de dos años y pico en las lides musicales. Se trata, en concreto, del segundo y fundacional álbum solista del inefable Rubén Rada, el Negro, llamado apenas Radeces y editado por el sello uruguayo Ayuí hacia 1975. Rada venía de una consagrada carrera que lo había tenido como protagonista de dos de las bandas fundamentales de su país, El Kinto y Totem, y se aprestaba a formar parte de una tercera, Opa. En medio de esta vorágine, durante la que hasta se había dado el gusto de editar un primer disco solista, el irregular Las Manzanas de 1969 (más conocido por su tapa que por su contenido), su producción discográfica estuvo parada unos cuantos años. Fue la gente de Ayuí la que lo motivó a grabar las canciones que le salieran del corazón, canciones suyas, canciones nuevas. Así nació Radeces, un espléndido álbum de candombe jazzeado o jazz candombeado que antecede su participación en Opa con su frescura y atractiva rítmica pero también muestra a un Negro reflexivo y filosófico, existencialista por momentos (“Reencarnación”) y conmovedor por otros (“Good Bye, My Love”), un álbum pleno de talento y potencialidad en el que Rada nos da una personal muestra de sus conceptos musicales, los que acompañarían su extenso recorrido por el mundo musical casi sin modificarse, fieles a la consigna de su creador de no transigir.
Así que vaya nomás este pequeño regalito. Ya quedan pocos.

Rubén Rada
Radeces
Ayuí, 1975
320 kbps. | 75 MB aprox.

En la medida en que nos acercamos rauda y decididamente a aquel mojón que hemos decidido también marque un punto en nuestro recorrido, esas 500 publicaciones que son en realidad 500 discos y 500 historias que demarcan poco más de dos años de un profundo compromiso tanto con el hecho musical como con el compartir las emociones que este genera, sabemos que es hora de hacer de cada uno de los posts restantes una congregación de especial tenor, una manera de que la progresiva despedida se transforme en algo igual de significativo que el acervo que se deja, como una pequeña forma de darle relieve a los últimos días y así confirmar la necesidad también de atender a ese legado histórico que permanecerá en el ciberespacio para que allí lo descubran todos los que gusten de hacerlo y de conectarse de una manera muy particular con él, pues en la medida en que están aquí -ustedes, amigos que recorren este camino con nosotros, lo saben más que bien- crece el compromiso no sólo con la música que nos congrega sino también con las emociones que son expresadas a través de estas palabras no con el fin de ilustrar o erigirse en un sitial determinado sino simplemente de compartir, de contagiar todo eso que pasa cuando escuchamos una canción y decidimos que nos acompañará para siempre; decisión esta que nunca es consciente sino que sólo ocurre, nos avasalla, nos atraviesa sin que podamos hacer más que sucumbir a su irresistible poderío, uno que nos habla de la eternidad y la belleza que nos circundan rodeándonos y que sólo están esperando a que tengamos la deferencia (o la suerte) de tomarlas, de prestarles la atención que merecen y, así, ver que nuestra vida ha cambiado para siempre. Porque de las experiencias, de todas, se aprende; y el arte es en sí mismo una experiencia. En especial -como siempre decimos, sin ir en desmedro de las demás manifestaciones- el arte musical, tan relacionado como está tanto a los sentimientos de quienes se aventuran a practicarlo como a la sensación de inmediatez, de un momento en el tiempo que nunca podrá repetirse y quedará eternamente sólo en nuestras almas, apenas en nuestros corazones, siempre latente como un vívido recuerdo, una memoria de un segundo trascendental en nuestras existencias. Por eso es que hay que ponerse el corazón en la solapa cuando de música se habla, porque existe por y para evocar las emociones humanas en una forma melodiosa y contagiosa, magnética, irresistible, y por eso es que le rendimos pleitesía a tan particular fenómeno mediante estos escritos con los que acompañamos el compartir algunos de esos álbumes con los que alguna vez nos pasó esa atracción que viene de mucho antes que existiéramos, que se nos sugiere en el presente pero que en realidad ocurrió muchos años atrás, en nuestro distante e irreconocible pasado, uno que nunca vivimos pero que indudablemente aparece sugestivamente detrás de cada una de esas conexiones particulares que desarrollamos con las canciones que amamos. Esperamos haber impartido, sí, esa enseñanza. Por supuesto, saben ustedes que por aquí no se buscó nunca un impacto didáctico, más bien se habló por hablar, como corresponde (?). Pero a su vez, resulta imposible negar que existen algunos preceptos que nos ha gustado comunicar como para que ustedes de aquel lado y nosotros de este partamos de un terreno común, del mismo lugar, para que la identificación o el contagio (si los hubiere) ocurran de una forma más natural, para que nos comprometamos -de ambos lados, claro- con una idea, o con una serie de ideas que tiendan siempre a desarrollarnos como individuos, a crecer en nuestra propia sensibilidad. Eso es todo lo que intentamos hacer aquí, amigos: que nuestros sentimientos crezcan, que expiados aquí en estas parrafadas con tono de manifiesto se vuelvan todavía más eternos, ganen aún más peso que el que ya tienen como recuerdos, sean el reflejo de lo que puede pasar cuando nos rendimos ante fuerzas superiores, cuando dejamos que sean ellas las que nos conquisten y nos hagan apenas su vehículo, una forma más de manifestarse. ¿Si vamos a extrañar poder volcar todo lo que sentimos en un lugar como este? Por supuesto. La revelación no es un proceso deleznable, más bien lo contrario, se trata de un objetivo a perseguir. Cuando somos honestos respecto a lo que sentimos, cuando traemos a la mesa esos recuerdos para reinterpretarlos al calor de los años y las experiencias, cuando nos rendimos también a que sean esas mismas experiencias las que rijan todo lo que somos, cuando hacemos de nosotros mismos un permanente proyecto de mejora y crecimiento es que podemos decir que hemos conseguido hacer algo de esto que somos y que transita por el mundo. Este, queridos, es el legado que dejamos. Uno humilde, sencillo, pequeño, es cierto, pero un legado al fin. Algo que nos refleja, nos expresa, nos significa, es nuestro sinónimo. Por supuesto, no es algo eterno. Pero nada lo es, si lo pensamos bien, ni siquiera la vida humana, con lo que habría que contentarse con hacer lo que se puede y hacerlo apasionadamente, con honestidad, con la sinceridad que sólo pueden manejar los inconscientes, con la entrega de los kamikazes y con las ansias de los perpetuamente buscadores, esos que saben que la vida sigue siendo una experiencia tras otra y un aprendizaje tras otro. Por eso es que acá estamos por un último rato, celebrando todo lo que hicimos y, en el medio, ofreciéndoles algún que otro regalito que todavía teníamos guardado, alguna que otra sorpresa que viene a complementar bellamente el archivo que es a la vez el acervo y el legado que ha dejado y dejará este blog para el ciberespacio pero sobre todo para las personas que a través de este gusten de descubrirlo. Porque no hay que ponerse triste cuando uno se despide de algo en lo que ha puesto toda su pasión. Hay que celebrarlo. Hay que celebrar haber puesto y canalizado toda energía en un proyecto elefantiásico, utópico, humilde pero trascendental, irreemplazable. ¿Para quién? Pues para uno mismo, queridos, que nada más importa que encontrar algo que hacer en esta vida que nos saque de la mediocridad imperante. Lo que suceda después -por caso, que ustedes se hayan sentido lo suficientemente impactados por lo aquí hecho como para seguir nuestras peculiares aventuras- es un regalo de esa misma fuerza puesta a andar, un obsequio que indica el camino a seguir. Sucede que a veces, cuando uno ya ha ido bien lejos en ese camino, necesita detenerse ya no a descansar sino a apreciar la inmensidad y la belleza del paisaje, a aprender de todo lo hecho, a convertir toda esa epopeya en recuerdo, en memoria, a transformarla más que nunca en parte de uno. Y eso no es algo para estar triste, mis amigos. Por el contrario. Eso es algo para estar inmensamente feliz y para celebrar. Que así sea, entonces. Sigamos esta celebración, que nos queda poco tiempo pero también nos queda bastante por vivir.

El festejo, entonces, prosigue con la publicación de una de esas gemas que no por escondidas dejan de poseer un encanto absolutamente abismal, un atractivo universal y de transmitir el claro mensaje de una genialidad ebullente aplicada a la canción, que es algo que no muchos álbumes poseen. Generalmente, de hecho, los discos en los que un artista desarrolla su habilidad y su oficio con mayor prestancia y soltura, con avidez y calidad, suelen ser los primeros de su cosecha, esos donde está lleno de ideas y posee el ansia del buscador, esa que le permite ir a por ellas sin preocuparse por nada más que por la música que debe ser el resultado final de esas cavilaciones. Con el correr del tiempo, en especial en una carrera dilatada como lo es la del muchacho cuya africana figura (?) ilustra estas palabras, aquella genialidad va disolviéndose, siempre presente pero diseminada con mayor irregularidad a través del avieso devenir de los tiempos. Por eso uno se encuentra volviendo siempre a aquellos materiales en los que parece encontrarse todo lo que estos muchachos pueden encapsulado en una decena de canciones, como un testimonio vivo de una potencialidad que de desatarse posee el revolucionario poder del cambio, de la novedad que puede dar vuelta el curso de los acontecimientos, de un nombre que puede instalarse en el firmamento para ser una suerte de faro de esos que prefugian cosas nuevas todo el tiempo, de esos a los que siempre hay que andar mirando sólo para saber en qué andan. No siempre resulta tarea fácil, empero, emprender este forzoso retorno hacia las fuentes. En principio porque de tan lejanas, muchas veces, parecen estar sepultadas por las arenas del tiempo, desaparecidas hace largos años, olvidadas por la vorágine de los días que no deja nada a su paso. Ese es un difícil peso, amigos, porque muchas veces tantos años -y tan mal manejo editorial, pero ese es otro tema- hacen que sea más que complicado hacerse de aquellos sonidos que sabemos nos estremecerán, sonidos que parecen condenados a permanecer apenas como un recuerdo en el alma de los memoriosos pero que se resisten a salir a la superficie para conseguir nuevos amigos, nuevas conexiones, nuevos contagios. Como siempre, esto no es culpa de la música. Desde el momento en que ella se lanza al éter, ya es del aire, ya no es de nadie, y su subsistencia depende en gran parte de la memoria colectiva. De hecho, este ejercicio que emprendemos hoy en forma de publicación es una contribución a esa misma memoria colectiva, pues apunta a fortalecer el necesario recuerdo. El problema muchas veces es del mundo empresarial, de esa mano que todo lo mece y que todo lo castiga que ha decidido mover los hilos de una manera inconveniente para muchos y servil para pocos. Es la industria, con su naturaleza selectiva, la que ha hecho que la memoria sea cada vez más complicada, que aquello que queremos rememorar desaparezca, se vuelva inasequible si no es, justamente, como un mero recuerdo, como una fotocopia desgastada de la emoción primigenia del hecho musical. Por eso aparecemos por aquí, amigos, por eso estamos en esto también, por eso disfrutamos tanto de poder encarar la misión de este espacio: porque podemos dar por tierra la hipótesis de que aquello inasequible no es digno de ser buscado, que el esfuerzo de hallarlo no contempla recompensa alguna, que si está olvidado pues allí debe quedarse. Huelgan las razones para estar en contra del olvido, queridos, sobre todo en lo que a música se refiere. El universo de la música popular contemporánea es amplísimo, sí, pero no por ello debemos suponer que existen porciones suyas que deben ser borradas del inconsciente colectivo por siempre habida cuenta de su nulo impacto en la actualidad. Porque si el recuerdo de un álbum como el que hoy les presentamos perduró fue precisamente porque se convirtió en influencia, se volvió contagio, se inoculó en la mentalidad de la época como un camino a seguir maravillando a más de uno y ganándose un pequeño lugar en el cofre de los recuerdos de los muchos que se vieron impactados por su original impronta. Es este fenómeno, el del contagio que tanto pregonamos, el que facilitó también su supervivencia a lo largo de los años, en un estado latente aunque no explosivo, como un secreto a voces, un placer de pocos que se desearía compartir con muchos pero no se puede. Pues aquí estamos nosotros haciendo que se pueda, amigos, compartiendo con ustedes una de esas joyas que la posmodernidad con su eterno devenir cree que tal vez haya hecho bien en olvidar. Obviamente no, amigos, y ustedes tampoco deberían. De hecho, deberían tomar este álbum y contagiarlo también, darle una nueva vida, un renovado aire que confirme que estamos no ante una colección de canciones sino ante una obra que puede proyectarse a la posteridad, cuya potencia no disminuye por más que pasen los años y se acrecienten los olvidos. Porque para eso, también, estamos acá. Para compartir música, y los sentimientos que la música genera en nosotros. Por eso les pedimos siempre que la rueda no se detenga aquí, que siga adelante, que esto que hacemos pueda seguir generando algo nuevo, llenando de emociones uno de los procesos más bellos del ser humano como es su contacto con el hecho artístico. Así que hoy les ofrecemos una joyita de nuestro cofre (?) en la forma de un álbum que nosotros también habíamos estado buscando durante mucho tiempo, y con el que por fortuna pudimos dar antes de terminar esta aventura de dos años y pico en las lides musicales. Se trata, en concreto, del segundo y fundacional álbum solista del inefable Rubén Rada, el Negro, llamado apenas Radeces y editado por el sello uruguayo Ayuí hacia 1975. Rada venía de una consagrada carrera que lo había tenido como protagonista de dos de las bandas fundamentales de su país, El Kinto y Totem, y se aprestaba a formar parte de una tercera, Opa. En medio de esta vorágine, durante la que hasta se había dado el gusto de editar un primer disco solista, el irregular Las Manzanas de 1969 (más conocido por su tapa que por su contenido), su producción discográfica estuvo parada unos cuantos años. Fue la gente de Ayuí la que lo motivó a grabar las canciones que le salieran del corazón, canciones suyas, canciones nuevas. Así nació Radeces, un espléndido álbum de candombe jazzeado o jazz candombeado que antecede su participación en Opa con su frescura y atractiva rítmica pero también muestra a un Negro reflexivo y filosófico, existencialista por momentos (“Reencarnación”) y conmovedor por otros (“Good Bye, My Love”), un álbum pleno de talento y potencialidad en el que Rada nos da una personal muestra de sus conceptos musicales, los que acompañarían su extenso recorrido por el mundo musical casi sin modificarse, fieles a la consigna de su creador de no transigir.

Así que vaya nomás este pequeño regalito. Ya quedan pocos.


EelsDaisies Of The GalaxyDreamWorks Records, 2000320 kbps. | 107 MB aprox.

El comienzo de una nueva semana, amigos, es con una confirmación que me veo en la obligación de hacer y que seguramente será para algunos una cuestión antipática, algo absolutamente indeseable, un pequeño momento de tristeza. Para otros, espero, será la confirmación de que la vida sigue su irrefrenable curso y de que uno sólo puede dedicarse a correrla de atrás, a dejar una cierta marca como para que no todo parezca tan sombrío, como para hacerle una pequeña treta al tiempo que nos permita sobrevivir por un rato más. En efecto, las próximas dos semanas de este humilde espacio nos conducirán a través de algunas músicas y algunas historias, nos llevarán como lo hacen siempre a atravesar los sentimientos que se relacionan con la bella acción de compartir estos discos que de tan fundamentales se han ganado justicieramente un lugar en nuestro corazón. Pero estas últimas dos semanas no serán unas comunes, sino absolutamente especiales. Por empezar porque, como lo habíamos venido anticipando en algún que otro texto anterior, estos posts redondearán la cifra de álbumes compartidos nada menos que a quinientos, un portentoso número que habla un poco de lo mucho que aquí se ha trabajado en pos de nada más que de generar entre ustedes y nosotros esa conexión, ese contagio, ese soplo de vida que subyace del hecho de que podamos darnos cuenta de la identificación que existe entre la música y nosotros mismos, de la estrecha relación entre lo que sentimos y lo que ella nos hace experimentar toda vez que nos dejamos impactar por su multiplicidad de sentidos, por sus significados escondidos, esos que vienen dentro de ella de hace siglos y que se manifiestan cada vez que sacuden una de las fibras íntimas de nuestro ser. Pero también porque esos quinientos, que alcanzaremos en cuatro publicaciones más, marcarán para este espacio (y para quien esto escribe) un merecidísimo y extendido descanso, una suerte de desenlace, un final. No sabemos si después de que detengamos el ritmo actualizador del blog este vaya a volver, queridos, debemos confesarlo ahora antes de mantenerlos con una vana y fatua esperanza. Sí sabemos que pese a este hecho él no morirá ni desaparecerá sino por el contrario, permanecerá aquí inmóvil, impertérrito, acumulado en su acervo el esfuerzo de ese par de años donde todo lo que importó fue la música y el hecho de compartirla, los sentimientos y el hablar de ellos, expiar nuestros demonios y reunirnos para compartir nuestras alegrías. Por supuesto que para aquellos que todavía disfrutaban del hecho de las nuevas historias esto parecerá un premio consuelo, pero no lo es. Porque este no debería ser un tiempo de luto, queridos, sino de celebración, de festejo, de alegría. Alegría por todo lo hecho hasta aquí, por un proyecto cuyo humilde inicio dio lugar a las más variadas repercusiones, porque se transformó de un mísero blog en un lugar donde se entrecruzaron concepto, arte y comunicación, porque este espacio ya es mucho más que un rincón más del ciberespacio: es una instalación, toda una obra en sí misma, y como tal quedará dando vueltas por los interminables confines de la web en la espera de encontrarse con todavía más gente que sepa apreciar todo lo aquí conseguido, deleitarse con las músicas y conectar con los textos con los que buscamos representarlas. Por eso es que debemos celebrar, amigos, haber encontrado este lugar, haberlo nutrido para su crecimiento y poder, ahora, disfrutar de su merecido final -y de un merecido descanso para quien esto les cuenta, claro (?)- con la sensación incomparable de la tarea cumplida más allá de las potenciales ausencias que serán seguramente detectadas toda vez que decidamos cerrar de una vez por todas el ciclo de publicaciones del blog. Así que sepan, queridos, que inicia con este álbum que hoy les ofrecemos la anteúltima tirada de discos que serán publicados por aquí en un largo tiempo. No crean que es algo fácil para nosotros decirles esto, eh. Por el contrario, hemos dedicado buena parte de nuestros días a cuidar y acrecentar este acervo, y el espacio vacío que dejará en nuestros corazones será muy difícil de llenar. Pero justamente porque entendemos que deberíamos celebrar esto que está pasando es que lejos estamos de ponernos tristes sino más bien lo vivimos con alegría, sabiendo que al menos le hemos dejado algo (humilde, pequeño, pero bien nuestro) a la posteridad, a aquellos que dando vueltas por este miasma extraño e indefinido lleguen a caer aquí y se encuentren con algo que los identifique, que los ayude, que los alegre, que los inspire, que los contagie como sucedió con muchos de ustedes, aquellos que se prestaron al compromiso de lo que aquí ocurre y que, por tanto, son tan dueños de este espacio como quien compone estas elegíacas palabras. Así que, amigos, por ustedes, por nosotros, lancémonos una vez más a la aventura de compartir uno de esos discos que nos cambiaron (nos salvaron, como dice por algún lado) la vida en la esperanza de que este acto nos ayude a sobrellevarla un poco más, a entender de algún modo por qué estamos aquí, a aliviar el sufrimiento existencial a través de la providencial conexión que existe con lo más profundo de nosotros mismos, con los sentimientos y los recuerdos más auténticos de todos, con esos que nos hacen estremecer toda vez que los experimentamos y que, por supuesto, se encuentran envueltos entre la música, diseminados entre las notas esperando revivir, esperando volver a surgir en cada ocasión en que son invocados y aquella conexidad revive, todopoderosa, para hacernos un poquito mejores ante tanta adversidad. Es esa la idea que siempre reivindicamos aquí, la que nos sirve de guía en estas caprichosas y vadeantes aventuras, la que nunca desaparecerá de estas columnas por más que ellas permanezcan inmóviles durante un tiempo; principalmente porque no estarán inmóviles, porque siempre estarán vivas, ebullendo de las memorias y las sensaciones que se dieron cita en las palabras que las componen. Este blog no termina, queridos, no se va. Sigue existiendo, sigue vivo en ustedes, que se encontraron con él y lo quisieron tanto, y seguirá vivo en nosotros, que no somos de ninguna manera los mismos tras estos impresionantes dos años en los que aprendimos a poner en palabras lo inasequible, a desmembrarnos frente a todos, a sacarlo todo de adentro para intentar entenderlo un poco mejor. Hubo aprendizajes, enseñanzas, hubo mucha vida en este acervo como para pensar que todo se termina aquí. Hay una llama que no se apaga nunca, compañeros, y es la de la música en nuestros corazones. Por aquí intentamos siempre rendirle tributo. Acompáñennos, entonces, en nuestras últimas aventuras, para que cerrando un círculo puedan abrirse muchos más.
La que nos ocupa hoy es una historia bastante peculiar, hay que decirlo. Porque se trata sin dudas del relato de una vida atravesada por el hecho musical desde sus más tiernos comienzos, pero también habla de la vida y la existencia de esa misma persona y de la capacidad innata que tiene para volcar en sus canciones aquellas vivencias que más lo han marcado, ocupándose líricamente de las más variadas experiencias y también de los sentimientos humanos fundamentales con una pasmosa facilidad, con una precisión quirúrgica que nos hace pensar que este tipo es, efectivamente, un predicador con una guitarra entre las manos. Pero no un predicador de los religiosos, aquellos que nos hacen pensar en la importancia del arrepentimiento mientras nos sugieren la lejana posibilidad de la vida eterna como refugio de todos nuestros problemas en la vida terrenal. No señores. Lo que hace este muchacho es predicar respecto a la realidad, a la vida, la muerte, la tristeza, el dolor, el amor, la pérdida, el desengaño, en fin, todas esas cosas que nos hacen ser lo que somos, que cubren nuestro espíritu de cicatrices que tardan en curarse pero llevan insertas enseñanzas que portaremos hasta el final de nuestros días. Posiblemente no lo sepa él, pero esos aprendizajes son universales. Decimos que posiblemente no lo sepa porque es dable pensar que aquellas canciones que escribe buscan mostrarlo a él, reflejarlo entre las notas, ser un desprendimiento de su propio inconsciente y un espejo de las emociones que lo embargan a la hora de sentarse a componer. Pero, ¿no es eso precisamente lo que se busca? ¿No es acaso lo que buscamos por aquí nosotros también? Es decir, no estamos escribiendo estas palabras para pontificar, para erigirnos en voceros de una realidad determinada sino para expiar lo que llevamos dentro nuestro, para que lo que aquí se dice sirva como una suerte de muestrario de nuestro inconsciente. Lo que sea que viene después, derivado del compromiso que ustedes (los que están del otro lado, claro) pueden tener con el proceso de la lectura, pues eso es un inmenso regalo de la vida. He allí lo importante del contagio, de la identificación: no debe ser buscado adrede, debe ser encontrado. Somos muchos en esta tierra, pero sentimos cosas parecidas y, a veces, hacemos cosas similares en nuestro esfuerzo por superarlas. En ocasiones es una palabra que no ha sido dicha por nosotros -pero que lo parece- la que nos ayuda a desprendernos para siempre, a continuar adelante portando aquella cicatriz de la que hablábamos pero sabiendo que si seguimos adelante se va a curar, dejando su lugar a las ansias de nuevas experiencias. Ese es el fenómeno de la vida, queridos. Nunca sabemos bien dónde, pero siempre podremos cruzarnos con una experiencia que nos cambiará la manera de ver las cosas, que nos hará caer en la cuenta de lo fascinante (aunque en ocasiones doloroso) que puede ser todo esto. Y por eso mismo es que hay que experimentar, que intentar y, también, que seguir adelante. Porque las emociones se cultivan con la vivencia, no existen de forma independiente. La música hecha por el muchacho en cuestión, un señor llamado Mark Oliver Everett pero mejor conocido simplemente como E, parece sugerirnos la importancia tanto de los sentimientos como de las vivencias, lo cual no es poco, por supuesto. Everett nació hace unos cincuenta años en Virginia, Estados Unidos, hijo del físico Hugh Everett III, que postuló interesantes teorías cuánticas como la interpretación de los universos paralelos (aquella que comenzara a elaborar Erwin Schrödinger sacrificando a su gato a mediados de los ‘30) y también propuso el uso de los multiplicadores de Lagrange en optimizaciones de ingeniería, lo que carajo quiera decir eso (?). En definitiva, criado en un ámbito de creativa peculiaridad, Mark creció amando los instrumentos de juguete y luego escaló hacia los de verdad, aunque sin dejar nunca su característica ambición lúdica, la que sería clave en su impronta musical futura. Hacia 1987, cuando acusaba apenas (?) 24 años, Mark dejó la casa que había sido de su padre (muerto en 1982) con el objetivo de hacerse un nombre en el ámbito musical. Como Virginia era demasiado pequeño y descentralizado para estos fines, decidió afincarse -dónde si no- en California. Allí fue descubierto por Polydor, que le editó en 1992 su debut solista A Man Called E y, un año después, su continuador Broken Toy Shop. Poco le duró a Polydor la confianza en E, porque le pegaron una patada en el culo en el ‘94 aún pese a las buenas críticas de sus dos poco vendidos álbumes en solitario. Pero no hubo mal que por bien no viniera, porque fue en ese año que comenzó a trabajar con Tommy Walter en su proyecto más popular y duradero, Eels. En 1996, Eels debutó con el torturado Beautiful Freak por Dreamworks, sello del que fueron los primeros contratados (el segundo fue un tal Elliott Smith). Durante los años subsiguientes, la vida de E tomaría un oscuro giro hacia lo trágico: en ese mismo ‘96 su hermana esquizofrénica Liz se suicidaría, y dos años después su madre -seguramente atribulada por las muertes de su marido y su hija- Nancy fallecería víctima de un cáncer. La experiencia cambió la visión de Mark, que en 1998 editó el crudísimo Electro-Shock Blues, un disco oscuro, complejo, atrapante pero de una dureza temática llamativa. El álbum que hoy les compartimos es el continuador de aquel, pero lo halla en un lugar muy diferente: en el año 2000 en que editó Daisies For The Galaxy Everett se casó con Anna, una dentista rusa, y esa felicidad -que se le terminaría en 2005, como corresponde a todas las felicidades de ese tipo (?)- se trasluce por todos los lados de este luminoso disco de notable pop, empezando en la bellísima “Packing Blankets” para terminar en el bonus track “Mr. E’s Beautiful Blues”, una canción que Mark mismo odia pero que es un claro muestrario de cómo su inconsciente no pudo dejar de estar atravesado por el amor aún cuando eso no lo hizo transigir en su cruda visión del mundo: miren si no la conmovedora “It’s A Motherfucker” o la melancólica “Something Is Sacred” donde nos lleva por los bajomundos de la emoción humana más primal con la destreza que sólo puede tener un hombre que ha sabido transitarlos en más de una ocasión pero, sobre todo, ha aprendido a aprender -valga la redundancia- de ellos.
Es una buena lección esa, me parece.

Eels
Daisies Of The Galaxy
DreamWorks Records, 2000
320 kbps. | 107 MB aprox.

El comienzo de una nueva semana, amigos, es con una confirmación que me veo en la obligación de hacer y que seguramente será para algunos una cuestión antipática, algo absolutamente indeseable, un pequeño momento de tristeza. Para otros, espero, será la confirmación de que la vida sigue su irrefrenable curso y de que uno sólo puede dedicarse a correrla de atrás, a dejar una cierta marca como para que no todo parezca tan sombrío, como para hacerle una pequeña treta al tiempo que nos permita sobrevivir por un rato más. En efecto, las próximas dos semanas de este humilde espacio nos conducirán a través de algunas músicas y algunas historias, nos llevarán como lo hacen siempre a atravesar los sentimientos que se relacionan con la bella acción de compartir estos discos que de tan fundamentales se han ganado justicieramente un lugar en nuestro corazón. Pero estas últimas dos semanas no serán unas comunes, sino absolutamente especiales. Por empezar porque, como lo habíamos venido anticipando en algún que otro texto anterior, estos posts redondearán la cifra de álbumes compartidos nada menos que a quinientos, un portentoso número que habla un poco de lo mucho que aquí se ha trabajado en pos de nada más que de generar entre ustedes y nosotros esa conexión, ese contagio, ese soplo de vida que subyace del hecho de que podamos darnos cuenta de la identificación que existe entre la música y nosotros mismos, de la estrecha relación entre lo que sentimos y lo que ella nos hace experimentar toda vez que nos dejamos impactar por su multiplicidad de sentidos, por sus significados escondidos, esos que vienen dentro de ella de hace siglos y que se manifiestan cada vez que sacuden una de las fibras íntimas de nuestro ser. Pero también porque esos quinientos, que alcanzaremos en cuatro publicaciones más, marcarán para este espacio (y para quien esto escribe) un merecidísimo y extendido descanso, una suerte de desenlace, un final. No sabemos si después de que detengamos el ritmo actualizador del blog este vaya a volver, queridos, debemos confesarlo ahora antes de mantenerlos con una vana y fatua esperanza. Sí sabemos que pese a este hecho él no morirá ni desaparecerá sino por el contrario, permanecerá aquí inmóvil, impertérrito, acumulado en su acervo el esfuerzo de ese par de años donde todo lo que importó fue la música y el hecho de compartirla, los sentimientos y el hablar de ellos, expiar nuestros demonios y reunirnos para compartir nuestras alegrías. Por supuesto que para aquellos que todavía disfrutaban del hecho de las nuevas historias esto parecerá un premio consuelo, pero no lo es. Porque este no debería ser un tiempo de luto, queridos, sino de celebración, de festejo, de alegría. Alegría por todo lo hecho hasta aquí, por un proyecto cuyo humilde inicio dio lugar a las más variadas repercusiones, porque se transformó de un mísero blog en un lugar donde se entrecruzaron concepto, arte y comunicación, porque este espacio ya es mucho más que un rincón más del ciberespacio: es una instalación, toda una obra en sí misma, y como tal quedará dando vueltas por los interminables confines de la web en la espera de encontrarse con todavía más gente que sepa apreciar todo lo aquí conseguido, deleitarse con las músicas y conectar con los textos con los que buscamos representarlas. Por eso es que debemos celebrar, amigos, haber encontrado este lugar, haberlo nutrido para su crecimiento y poder, ahora, disfrutar de su merecido final -y de un merecido descanso para quien esto les cuenta, claro (?)- con la sensación incomparable de la tarea cumplida más allá de las potenciales ausencias que serán seguramente detectadas toda vez que decidamos cerrar de una vez por todas el ciclo de publicaciones del blog. Así que sepan, queridos, que inicia con este álbum que hoy les ofrecemos la anteúltima tirada de discos que serán publicados por aquí en un largo tiempo. No crean que es algo fácil para nosotros decirles esto, eh. Por el contrario, hemos dedicado buena parte de nuestros días a cuidar y acrecentar este acervo, y el espacio vacío que dejará en nuestros corazones será muy difícil de llenar. Pero justamente porque entendemos que deberíamos celebrar esto que está pasando es que lejos estamos de ponernos tristes sino más bien lo vivimos con alegría, sabiendo que al menos le hemos dejado algo (humilde, pequeño, pero bien nuestro) a la posteridad, a aquellos que dando vueltas por este miasma extraño e indefinido lleguen a caer aquí y se encuentren con algo que los identifique, que los ayude, que los alegre, que los inspire, que los contagie como sucedió con muchos de ustedes, aquellos que se prestaron al compromiso de lo que aquí ocurre y que, por tanto, son tan dueños de este espacio como quien compone estas elegíacas palabras. Así que, amigos, por ustedes, por nosotros, lancémonos una vez más a la aventura de compartir uno de esos discos que nos cambiaron (nos salvaron, como dice por algún lado) la vida en la esperanza de que este acto nos ayude a sobrellevarla un poco más, a entender de algún modo por qué estamos aquí, a aliviar el sufrimiento existencial a través de la providencial conexión que existe con lo más profundo de nosotros mismos, con los sentimientos y los recuerdos más auténticos de todos, con esos que nos hacen estremecer toda vez que los experimentamos y que, por supuesto, se encuentran envueltos entre la música, diseminados entre las notas esperando revivir, esperando volver a surgir en cada ocasión en que son invocados y aquella conexidad revive, todopoderosa, para hacernos un poquito mejores ante tanta adversidad. Es esa la idea que siempre reivindicamos aquí, la que nos sirve de guía en estas caprichosas y vadeantes aventuras, la que nunca desaparecerá de estas columnas por más que ellas permanezcan inmóviles durante un tiempo; principalmente porque no estarán inmóviles, porque siempre estarán vivas, ebullendo de las memorias y las sensaciones que se dieron cita en las palabras que las componen. Este blog no termina, queridos, no se va. Sigue existiendo, sigue vivo en ustedes, que se encontraron con él y lo quisieron tanto, y seguirá vivo en nosotros, que no somos de ninguna manera los mismos tras estos impresionantes dos años en los que aprendimos a poner en palabras lo inasequible, a desmembrarnos frente a todos, a sacarlo todo de adentro para intentar entenderlo un poco mejor. Hubo aprendizajes, enseñanzas, hubo mucha vida en este acervo como para pensar que todo se termina aquí. Hay una llama que no se apaga nunca, compañeros, y es la de la música en nuestros corazones. Por aquí intentamos siempre rendirle tributo. Acompáñennos, entonces, en nuestras últimas aventuras, para que cerrando un círculo puedan abrirse muchos más.

La que nos ocupa hoy es una historia bastante peculiar, hay que decirlo. Porque se trata sin dudas del relato de una vida atravesada por el hecho musical desde sus más tiernos comienzos, pero también habla de la vida y la existencia de esa misma persona y de la capacidad innata que tiene para volcar en sus canciones aquellas vivencias que más lo han marcado, ocupándose líricamente de las más variadas experiencias y también de los sentimientos humanos fundamentales con una pasmosa facilidad, con una precisión quirúrgica que nos hace pensar que este tipo es, efectivamente, un predicador con una guitarra entre las manos. Pero no un predicador de los religiosos, aquellos que nos hacen pensar en la importancia del arrepentimiento mientras nos sugieren la lejana posibilidad de la vida eterna como refugio de todos nuestros problemas en la vida terrenal. No señores. Lo que hace este muchacho es predicar respecto a la realidad, a la vida, la muerte, la tristeza, el dolor, el amor, la pérdida, el desengaño, en fin, todas esas cosas que nos hacen ser lo que somos, que cubren nuestro espíritu de cicatrices que tardan en curarse pero llevan insertas enseñanzas que portaremos hasta el final de nuestros días. Posiblemente no lo sepa él, pero esos aprendizajes son universales. Decimos que posiblemente no lo sepa porque es dable pensar que aquellas canciones que escribe buscan mostrarlo a él, reflejarlo entre las notas, ser un desprendimiento de su propio inconsciente y un espejo de las emociones que lo embargan a la hora de sentarse a componer. Pero, ¿no es eso precisamente lo que se busca? ¿No es acaso lo que buscamos por aquí nosotros también? Es decir, no estamos escribiendo estas palabras para pontificar, para erigirnos en voceros de una realidad determinada sino para expiar lo que llevamos dentro nuestro, para que lo que aquí se dice sirva como una suerte de muestrario de nuestro inconsciente. Lo que sea que viene después, derivado del compromiso que ustedes (los que están del otro lado, claro) pueden tener con el proceso de la lectura, pues eso es un inmenso regalo de la vida. He allí lo importante del contagio, de la identificación: no debe ser buscado adrede, debe ser encontrado. Somos muchos en esta tierra, pero sentimos cosas parecidas y, a veces, hacemos cosas similares en nuestro esfuerzo por superarlas. En ocasiones es una palabra que no ha sido dicha por nosotros -pero que lo parece- la que nos ayuda a desprendernos para siempre, a continuar adelante portando aquella cicatriz de la que hablábamos pero sabiendo que si seguimos adelante se va a curar, dejando su lugar a las ansias de nuevas experiencias. Ese es el fenómeno de la vida, queridos. Nunca sabemos bien dónde, pero siempre podremos cruzarnos con una experiencia que nos cambiará la manera de ver las cosas, que nos hará caer en la cuenta de lo fascinante (aunque en ocasiones doloroso) que puede ser todo esto. Y por eso mismo es que hay que experimentar, que intentar y, también, que seguir adelante. Porque las emociones se cultivan con la vivencia, no existen de forma independiente. La música hecha por el muchacho en cuestión, un señor llamado Mark Oliver Everett pero mejor conocido simplemente como E, parece sugerirnos la importancia tanto de los sentimientos como de las vivencias, lo cual no es poco, por supuesto. Everett nació hace unos cincuenta años en Virginia, Estados Unidos, hijo del físico Hugh Everett III, que postuló interesantes teorías cuánticas como la interpretación de los universos paralelos (aquella que comenzara a elaborar Erwin Schrödinger sacrificando a su gato a mediados de los ‘30) y también propuso el uso de los multiplicadores de Lagrange en optimizaciones de ingeniería, lo que carajo quiera decir eso (?). En definitiva, criado en un ámbito de creativa peculiaridad, Mark creció amando los instrumentos de juguete y luego escaló hacia los de verdad, aunque sin dejar nunca su característica ambición lúdica, la que sería clave en su impronta musical futura. Hacia 1987, cuando acusaba apenas (?) 24 años, Mark dejó la casa que había sido de su padre (muerto en 1982) con el objetivo de hacerse un nombre en el ámbito musical. Como Virginia era demasiado pequeño y descentralizado para estos fines, decidió afincarse -dónde si no- en California. Allí fue descubierto por Polydor, que le editó en 1992 su debut solista A Man Called E y, un año después, su continuador Broken Toy Shop. Poco le duró a Polydor la confianza en E, porque le pegaron una patada en el culo en el ‘94 aún pese a las buenas críticas de sus dos poco vendidos álbumes en solitario. Pero no hubo mal que por bien no viniera, porque fue en ese año que comenzó a trabajar con Tommy Walter en su proyecto más popular y duradero, Eels. En 1996, Eels debutó con el torturado Beautiful Freak por Dreamworks, sello del que fueron los primeros contratados (el segundo fue un tal Elliott Smith). Durante los años subsiguientes, la vida de E tomaría un oscuro giro hacia lo trágico: en ese mismo ‘96 su hermana esquizofrénica Liz se suicidaría, y dos años después su madre -seguramente atribulada por las muertes de su marido y su hija- Nancy fallecería víctima de un cáncer. La experiencia cambió la visión de Mark, que en 1998 editó el crudísimo Electro-Shock Blues, un disco oscuro, complejo, atrapante pero de una dureza temática llamativa. El álbum que hoy les compartimos es el continuador de aquel, pero lo halla en un lugar muy diferente: en el año 2000 en que editó Daisies For The Galaxy Everett se casó con Anna, una dentista rusa, y esa felicidad -que se le terminaría en 2005, como corresponde a todas las felicidades de ese tipo (?)- se trasluce por todos los lados de este luminoso disco de notable pop, empezando en la bellísima “Packing Blankets” para terminar en el bonus track “Mr. E’s Beautiful Blues”, una canción que Mark mismo odia pero que es un claro muestrario de cómo su inconsciente no pudo dejar de estar atravesado por el amor aún cuando eso no lo hizo transigir en su cruda visión del mundo: miren si no la conmovedora “It’s A Motherfucker” o la melancólica “Something Is Sacred” donde nos lleva por los bajomundos de la emoción humana más primal con la destreza que sólo puede tener un hombre que ha sabido transitarlos en más de una ocasión pero, sobre todo, ha aprendido a aprender -valga la redundancia- de ellos.

Es una buena lección esa, me parece.